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30/4/11

Pastillas contra el dolor ajeno

Hacía tiempo que quería comentaros de este medicamento, al que me he hecho asidua. Y hoy he dado con este video que no necesita más explicaciones ni nada de mi parte.

video

El proyecto es obra de la ONG Médicos sin fronteras, y cuenta con varios colaboradores más.
Simplemente me parece una idea genial -aunque me parece poco un euro cada caja, pero bueno, es un precio bastante asequible a cualquier economía-
La cajita, aparte de esos seis caramelos en su tableta, lleva también un prospecto, como si fuera un medicamento real, donde te explican de qué manera se va a invertir tu euro, y qué enfermedades y a qué enfermos se van a tratar.
Y este medicamento sí puedes dejarlo al alcance de los niños.


Resumiendoos, las enfermedades, y los efectos de estas pastillas son:

-Malaria:
Con 1€ se puede dar tratamiento a 3 niños.
-Chagas: Con 20€ se puede hacer llegar un tratamiento completo a 12 adultos.
-Sida infantil: Con 100€ se puede tratar con antirretrovirales a un niño durante un año.
-Enfermedad del sueño: Con 10€ se puede realizar pruebas de diagnótico a una persona.
-Tuberculosis: Con 70€ se puede tratar a un enfermo durante 6 meses.
-Kala azar: Con 160€ se puede comprar los medicamentos para tratar a un enfermo.

Si quieres saber más pásate por su web pastillascontraeldolorajeno.com

24/4/11

Mi Musa, parte II (continuación)


A petición popular, desde hace unas semanas he estado con este proyecto en el tintero, intentando alargar esta historia que, en un principio iba a quedar así. Así que aquí os dejo la continuación de "Mi musa".

Puedes leer la primera parte pinchando aquí.

Me gustaría que me dejárais algún comentario, para saber si la historia os interesa, y si merece la pena que la continue, ¿Ok?

Pues aquí os dejo con, llamémosle la segunda parte de "Mi musa":

Todos los personajes aquí mencionados son ficticios, al igual que la historia. Si hay coincidencia alguna con algo de la realidad, es cosa de la casualidad.

El desencuentro

“Pasiones de guerra” había sido, tal como predijo Joan, un rotundo éxito en las pasadas navidades. La primera edición se agotó en librerías y centros comerciales en apenas dos semanas, y rápidamente tuvimos que ponernos manos a la obra para sacar la segunda edición. Había que aprovechar el tirón. Todo ello animado con múltiples apariciones mías en grandes superficies y librerías firmando ejemplares de mi 11ª novela romántica.

Pasadas ya las fechas navideñas la cosa se calmó un poco, pero yo seguía de acá para allá por todo el país. Y no quería pensar cuando en unos meses diera el salto al otro lado del charco, pues Joan ya estaba negociando con una editorial sudamericana el lanzamiento en conjunto de mis tres primeras novelas románticas simultáneamente en siete países de latinoamérica.

Si ya aquí en España era una locura, pues ni tranquilo podía salir a la calle a comprar el pan, no quería ni imaginar si llegaba a triunfar en Latinoamérica. Y la cosa no paraba de crecer, ya estaban preparadas para salir de cara a San Valentín mis dos primeras novelas traducidas al inglés. Joan había encontrado un filón conmigo y quería explotarlo, al igual que yo con él. Mientras el romanticismo sensiblero se vendiera, ahí estaría yo sacándole el máximo provecho. Ya tendría tiempo de experimentar en otros campos, como la novela policíaca o de intriga, que desde siempre me han llamado la atención.

Pero lo que me sucedió aquel día no se me iba de la cabeza. Terminé la novela de Ingrid y David sin ningún contratiempo más, y a pesar de que desde entonces ella estaba casi a diario en mis sueños, ninguno volvió a ser tan real como aquel. Si es que fue un sueño, porque ya lo dudaba. Las sensaciones de aquella experiencia, tan vívidas, fueron más reales que muchas de mis relaciones de verdad con todas las mujeres que se habían querido meter en mi cama. Las últimas atraídas por mi fama, pero, ¿A quién le amarga un dulce? Y más desde que Nadia salió de mi vida así, por la puerta de atrás y sin avisar.

Casi todas las noches, metido ya en la cama, así fuera en mi casa de campo allá en mis tierras andaluzas, o en cualquier cama de cualquier hotel de cualquier ciudad donde estuviera promocionando mi libro; tenía la extraña sensación que ella, me arrullaba pegado a mi piel, enamorándome cada vez más mientras me dejaba dulcemente en los brazos de Morfeo. Era ella la que me había llevado a la fama, la que me inspiraba, la que me hacía escribir palabra a palabra todas y cada una de mis novelas. Ella, la que me rondaba en estos momentos por la cabeza, aun estando de vacaciones, gestándose ya en mi calenturienta cabeza el embrión de mi próxima novela. Joan me había pedido esta vez una historia contemporánea, cuya protagonista fuera una simple ama de casa con una vida anodina, junto a un marido indiferente, y unos hijos adolescentes que pasaran de todo.

Y heme aquí, sentado en un banco del paseo marítimo de una ciudad mediterránea, abrigado hasta las cejas, inspirándome con la brisa salada del mar, el grito histérico de las gaviotas, y el arrullo de unas enfurecidas olas, que insistentemente luchaban por derrumbar el malecón y recuperar su territorio.

Era una soleada mañana a primeros de febrero, había helado de madrugada y el viento venía que cortaba. Sentado en el banco veía la gente pasar de aquí para allá, unos con prisas, otros dando un paseo; abuelos, parejas de enamorados cogidos de la mano, niños armando escándalo, deportistas siguiendo su ritmo, mascotas paseadas por sus somnolientos dueños; de todo lo que se pueda encontrar un soleado domingo de febrero en un paseo marítimo. Y yo camuflado con mi recio abrigo, mi boina de visera y mis gafas de sol, pues no quería que me reconocieran. Ya me había pasado en alguna ocasión. Alguna ama de casa o estudiante me había reconocido, y aunque mi fama era de poco tiempo y poco público, el tener que lidiar solo contra un grupo no muy grande de mujeres histriónicas, me había dejado agotado, con la ropa medio rota, y algunos moretones y arañazos de regalo. Hasta algún que otro bocado y tirones del pelo me habían dado.

Estaba absorto mirando a lo lejos un barquito pesquero que lentamente se acercaba al puerto, cuando una figura humana se coló en mi campo visual, apoyándose en la barandilla del paseo. “¡Genial!”, grité para mis adentros, no había más sitio a lo largo de todo el kilométrico paseo que delante de mí para ponerse a mirar las olas del mar. Resoplé, molesto, y pensando seriamente en cambiarme a otro banco donde nadie me pudiera tapar las vistas, me fijé en esa figura humana.

Había algo en ella, pues era una mujer, que desde la primera vez que posé mis ojos en su cuerpo, me llamó enormemente la atención, como si la conociera de toda la vida. Y eso que ni siquiera le había visto la cara aún. Era una mujer esbelta y alta, puede que más que yo que estoy dentro de la media nacional. Lo primero que llamó mi atención era la ausencia de su abrigo, iba en vaqueros con un escueto jersey de lana, bufanda y gorra también de lana a juego. Algunos mechones de su cabello se habían escapado de su gorra, y bailaban al son del viento, reluciendo con el sol, que le sacaba los destellos bermellones más hermosos que jamás había visto. Desde luego que era una despampanante pelirroja. Mis ojos, bajo la seguridad de mis gafas de sol, se posaron poderosamente en su trasero, era perfecto para perderse en fantasías de todo tipo con su dueña. Tal vez mi lujuriosa mirada la hizo sentiré incómoda, pues al cabo de unos minutos giró la cabeza hacia mí. También llevaba unas enormes gafas de sol tapando sus ojos, pero su boca sí que se le veía. El destello del carmín de su pintalabios llamó entonces mi atención, eran unos labios sensuales, provocadores y desde luego con una pinta de deliciosos, los que me provocaron una fugar reacción allá entre mis piernas. Si su trasero había estado caldeando el ambiente, la visión de sus labios la habían acelerado de forma imprevista. Menos mal que mi abrigo me tapaba, pues era un tres cuartos más bien holgadito. Fue entonces cuando reparé en su rostro, en lo poco que tenía a la vista de él entre su gorra y la bufanda, su pelo y las gafas. ¿Era ella, mi musa? No podía ser, ella era un producto de mi imaginación. Recordé el incidente al empezar “Pasiones de guerra”, pero aquello tan solo fue una mala jugada de mi imaginación. Y no, la imponente pelirroja que tenía delante no era ella. No podía ser.

Respiré varias veces profundamente, intentando recuperar el aliento que me faltaba. Ella, tras estudiarme durante unos segundos, los suficientes para ponerme lívido y apartar bruscamente la vista de ella, había vuelto a girar la cabeza hacia el mar, ignorando mi presencia. Fue entonces cuando reparé que en sus manos tan solo llevaba un libro, y hubiese jurado que dicho libro era un ejemplar, precisamente, de “Pasiones de guerra”. A punto estuve de saltar a su lado y presentarme, y ofrecerme para hacerle en ese ejemplar una dedicatoria firmada por el mismísimo autor, Germán Arrallán, un servidor. Pero antes de que pudiera reaccionar, ella volvió a mirarme, y un amago de sonrisa se perfiló en sus labios, ¿Me estaba sonriendo? En esos momentos su bufanda se soltó, dejando una interesante parte de su rostro y cuello al descubierto. Era ella, sin duda alguna esa mujer era la que me había inspirado en todas mis novelas. La que en ese libro que tenía entre sus manos se llamaba Ingrid Lash, o Jane Stewart en mi anterior best seller, “Nómadas de la pasión”. Era ella, y ahora se había presentado delante de mí a plena luz del día, en un paseo marítimo a los ojos de todo el mundo; con la única intención de volverme loco. Volvió a girar la cara al mar, y sin darle más importancia abrió su libro, apoyándolo en la barandilla.

¿Qué se supone que debería de hacer yo? ¿Acercarme a ella y presentarme, o salir corriendo de allí? Miré al cielo, intentando buscar una respuesta o una señal, y al no hallarla, volví a posar mis ojos sobre su trasero. Cambió el peso de su cuerpo de una pierna a la otra, y ese sensual movimiento me hizo delirar. Me pareció oir un suspiro saliendo de su boca mientras leía mi novela. Si eso no era una provocación en toda regla, es que yo estaba volviéndome loco. O tal vez esa fuera la señal que esperaba del cielo. Así que con unas fuerzas que no tengo ni idea de dónde las saqué, me levanté del banco y me acerqué a ella, dispuesto a todo.

Anduve los pocos metros que nos separaban lentamente, cruzando el paseo, y me apoyé en la barandilla a su lado. Fue entonces cuando la oí sollozar en silencio, ¿estaba llorando? Aquello me descolocó bastante, ya no sabía qué hacer, y la idea de dar media vuelta y alejarme me cruzó por la cabeza cuando giré la cabeza hacia ella, y nuestros rostros coincidieron. A través de las gafas de sol que ambos llevábamos, nuestras miradas se cruzaron. Lo sé, así lo sentí en mi interior. Al igual que el sentimiento de dolor y de querer permanecer a su lado, que no sé de donde salieron. Bruscamente ella giró su cara hacia el libro, que en contra de lo que yo pensaba, lo tenía apoyado en la barandilla sin abrir. Ahora miraba mi fotografía en la parte de atrás del libro, ¿se habría dado cuenta de que era yo? Di un paso hacia ella, en un vago intento de acercarme y consolarla, pues creí ver corriendo por sus mejillas lágrimas rebeldes, escapadas de sus ojos.

-Pe… perdona, ¿estás bien? – fue lo único que salió de mi garganta, con mi insufrible tartamudeo que se apodera de mí cuando estoy nervioso. Ella levantó del libro el rostro y me miró, negando con la cabeza.

-¡Aléjese de mí! – su voz salió rota de su garganta, llena de miedo. Me quedé petrificado en mi sitio. ¿Tanto miedo le había causado?

-Yo… yo… so… solo quería ayudarte.

Mi incontenible tartamudeo me sacó de quicio, e intentando calmarla acerqué mi mano a su brazo, para hacerle saber que no quería hacerle daño alguno. Todo sucedió tan rápido que cuando quise darme cuenta ella ya estaba en el suelo. Se hizo hacia atrás en una desesperada evasiva ante mi acercamiento, y no sé cómo tropezó y cayó al suelo. Al verse tal vez amenazada por un desconocido, empezó a gritar y llorar como una posesa. La gente del paseo empezó a mirarnos, y ante sus gritos algunos de los paseantes más osados se acercaron a ayudarla. Enseguida acudió una pareja de policías municipales. Lo primero que hicieron fue socorrerla a ella, levantándola del suelo. La llevaron al banco donde minutos antes estaba yo sentado, y la calmaron. Ella se tranquilizó, y viendo que su gorra se había caído, se quitó las gafas para poder volver a recoger su pelo con la gorra. Todos los allí presentes nos quedamos de una pieza al ver las marcas de una mano sobre su pómulo, el consiguiente derrame en su ojo, y la hinchazón de éste. Acto seguido todos los ojos de los allí presentes se giraron hacia mí, y los dos policías se me echaron encima temiendo que me escapara. No daba crédito a lo que me estaba pasando. Mientras uno de ellos llamaba al 112 y pedía una ambulancia para ella, el otro sacaba sus esposas y me pedía, de forma ruda, que descubriera mi rostro. Caí entonces en la cuenta que tal vez mi aspecto, con la cara tan tapada, fuera lo que en un principio la hiciera temerme. Pero eso no era ya lo que me preocupaba, sino lo que estaba a punto de sucederme. Me quité ante la autoridad las gafas y la boina, y enseguida un par de señoras allí paradas me reconocieron.

-¡Es Germán Arrallán! ¡Germán Arrallán! ¡El novelista! ¡Y le pega a su novia!

-¡Qué hijo de puta! ¡Tanto escribir de amor y de pasiones, y es un machista maltratador!

Fue todo lo que necesité oir para darme cuenta en el lío en el que me había metido. Enseguida apareció otra pareja de policías, y mientras éstos se quedaban con ella, los primeros ya me llevaban al coche patrulla, esposado, y haciéndome el consabido recital de “Tiene derecho a permanecer en silencio, cualquier cosa que diga podrá ser utilizado en su contra. Tiene…” Lo único que tenía, por el simple hecho de acercarme a una mujer bonita en un paseo marítimo, era un montón de problemas, y tal vez mi carrera de novelista acabada para siempre.

Mientras esperaba al lado del coche patrulla, levanté la cabeza y la miré. Ella, en ese momento miró hacia mí, y como si me hubiese reconocido, miró mi fotografía en su libro, y en su cara se dibujó la sorpresa al ver que efectivamente, era yo. Su mirada, llena de asombro y disculpas fue todo lo que necesité para darme cuenta de que ella no quería que todo eso pasase. Pero ya era tarde. Un montón de móviles ya me habían fotografiado esposado junto a la policía, y mañana saldría en la prensa, fijo.

NOVELISTA ROMANTICO AGREDE SALVAJEMENTE A SU NOVIA

Ya podía dar por acabada mi carrera. En cuanto Joan se enterara rompería todos los contratos conmigo. Suspiré mientras los dos policías me hacían subir al coche, y dando un portazo echaban al traste mi vida entera.

22/4/11

Gracias Bonnie!!


Mi Dama Bonnie se ha acordado de mí al repartir este bonito premio.
¡¡Muchas gracias!!

Las reglas consisten en entregarlo, pero si ella lo ha hecho a 7, yo he de hacerlo a 6, y los que sigan a 5, y así ir restando hasta llegar a cero.

Yo se lo daría a muchos de los blogs que sigo, pero solo puedo darlo a 6, así que,...
Éstos son:

-Iris Matinaya
-Libros, chocolate y miel
-Karol Scandiu
-Irene Comendador
-Hada Lilyka
-El soldadito valiente
-Sangre maldita

19/4/11

Desgarradora historia

Ella está gravemente herida.


Él le trae comida y se ocupa de ella,...


La vez siguiente que él regresa con comida, se da cuenta de que ella ya ha muerto.


Él trata de moverla, quiere hacerla reaccionar, pero todo es inutil, ...


Él no se conforma, se para a su lado y grita con todas sus fuerzas para que ella despierte y se mueva, ...


Finalmente, viendo que ya nada puede hacer por ella, se para a su lado preso de su desolación.


Se dice que las fotos de estos dos pajarillos fueron tomadas en la República de Ucrania, donde el pajarillo trataba desesperadamente de salvar a su compañera, ...

Millones de personas se emocionaron al ver estas preciosas y a la vez desgarradoras fotos en todo el mundo.

Se dice que el fotógrafo cedió estas fotografías por un módico precio a un periódico de Francia, y toda la tirada de ese periódico se agotó ese día.

EL AMOR NO SE TRATA
DE ENCONTRAR A ALGUIEN CON QUIEN VIVIR,

SINO DE ENCONTRAR A ALGUIEN
CON QUIEN NO SE PUEDE DEJAR DE VIVIR.


AVISO: Todo lo publicado en esta etiqueta (cosas de e-mails) son eso, cosillas que recibo por el correo electrónico. No soy su autora. Y aunque lo publico bajo mi censura, criterio y buen gusto, no me reponsabilizo del contenido.

17/4/11

La Lola

Os dejo la letra de una de esas canciones inolvidables, tanto por el ritmo como por la letra, tierna y melancólica donde las haya. No os voy a decir gran cosa de esta canción que no se vea en su letra, simplemente juzgad por vosotros mismos.

La canción es de Café Quijano, "La Lola", del disco "La extraordinaria paradoja del sonido Quijano" (1999):

Se llama Lola y tiene historia,
aunque más que historia sea un poema.
Su vida entera pasó buscando
noches de gloria como alma en pena.
Detrás de su manto de fría dama
tenía escondidas tremendas armas,
para las batallas del cara a cara
que con ventaja muy bien libraba.

Le fue muy mal de mano en mano,
de boca en boca, de cama en cama,
como una muñeca que se desgasta,
se queda vieja y la pena arrastra.

Óyeme mi Lola, mi tierna Lola,
tu triste vida es tu triste historia.
Pero qué manera de caminar,
mira qué soberbia en su mirar.
Óyeme mi Lola, mi tierna Lola,
tu triste vida es tu triste historia.
Pero qué manera de caminar,
mira qué soberbia en su mirar.
Óyeme mi Lola...

Fue mujer serena hasta el instante
de entregarse presta a todos sus amantes.
Es tiempo de llanto, es tiempo de duda,
de nostalgia y de tu locura.

Tienes el consuelo de saberte llena
de cariño limpio y amor sincero,
por que nadie supo robar de tus besos
eso que hoy te sobra y que nadie añora.
Óyeme mi Lola, ...

Es el tiempo de la arruga que no perdona,
es el tiempo de la fruta y de la pintura.




14/4/11

Colores de primavera

Azul


Rojo


Lila


Amarillo


Marrón


Morado


Verde


Blanco


Naranja


Fucsia


Gris


Rosa


Negro


Todas estas fotografías son propias e inéditas, tomadas en las últimas semanas en tierras murcianas.

11/4/11

GOUMFI



Este enternecedor relato fue el que presenté en el primer concurso de nuestra querida Karol Scandiu. Hoy he querido rescatarlo y subirlo aquí para poder disfrutarlo nuevamente. La portada es obra de mi Dama Bonnie.





GOUMFI:

"BIP... BIP... BIP... BIP... BIP..."

Mi cuerpo, perfectamente monitoreado, me daba paulatinamente la bienvenida, después de superar una nueva crisis. El oxígeno llenaba mis pulmones, con dificultad, pero con éxito. Un día más seguía viva. Un día más que le había arrebatado a la muerte, aunque la victoria final todos sabemos quién la gana.
Respiré profundamente, con cierto trabajo, llenando mis pulmones todo lo que pude. Ahora podía oír, aparte del tedioso “BIP” del monitor, leves sonidos que se colaban en mi habitación por la ventana, alguna de las enfermeras la abría dejado abierta, como a mi me gustaba tenerla. El canto de un gorrioncillo se colaba alegremente, con el del viento jugueteando con las ramas y hojas de los árboles del jardín. La claridad de la luz que percibían mis ojos me dio a entender que era un día soleado. Un día de primavera, de los que tanto me gustaban. Levanté trabajosamente una de mis manos, la que me quedaba libre, y aparté la mascarilla del oxígeno. En la leve brisa que se colaba descubrí ciertos matices, todo un festín para mi olfato. Ahí estaba el sofisticado aroma de la albahaca mezclado con el de las amorosas rosas, el dulce jazmín, y cierto toque del caballero don romero. Daría las horas que me quedaran de vida por volver a ver los campos de mi infancia cuajados de todas esas maravillosas flores, inundando con miles de colores el horizonte.
A mi confusa mente vino claramente un recuerdo de mi infancia. Uno que me acompañó durante toda mi vida. Tal vez fuese lo único que a estas alturas de mi vida más echara en falta, Goumfi, mi Goumfi. Hace tantos años que lo perdí, pero jamás lo llegué a olvidar.
Apenas si recuerdo mi primera noche en la nueva casa a donde nos mudamos papá, mamá y yo. Tenía siete años y no quería quedarme sola en aquel cuarto tan enorme, con mi diminuta cama en medio. Mamá cerró la puerta, con la luz ya apagada, a mi mente vinieron imágenes de horrorosos monstruos que salían del armario y de debajo de la cama.

-¡Mami! ¡No cierres la puerta!
-No pasa nada mi cielo, es para que duermas mejor.
-¡No! ¡No! ¡No! ¡No la cierres!
-María, hemos hablado ya de esto. No hay monstruos en tu armario ni debajo de tu cama. La voy a dejar entornada, ¿Vale? Y tú, a dormir.
-Vale, pero deja la luz encendida.
-¡María! Con la luz encendida no puedes dormir. Te voy a dejar la del pasillo.

En cuanto mamá se fue, un leve temblor sacudió mi cama.

-¡¡¡MAMAAAAA!!!

Salí corriendo por todo el pasillo hasta su cuarto, donde dormía papá ya. Lo desperté y me gané una buena reprimenda, pero con toda la paciencia del mundo, me cogió de la mano y me acompañó a mi cuarto. Me metió en mi cama y me arropó.

-Mira pequeña – decía mientras abría las dos hojas del armario y removía la ropa colgada – aquí no hay nadie. Y debajo de tu cama – se asomó, llegando a arrodillarse – tampoco hay nadie.
-Pero papi, la cama tembló.
-¿Sabes qué la hizo temblar? – se había levantado, sentándose a mi lado en la cama, mientras acomodaba las mantas sobre mi cuerpo – tu miedo. Si no tienes miedo, nada raro pasará. Pero como tienes miedo, tu imaginación hará que veas y oigas cosas raras. No tienes que temer nada pequeña, estás a salvo en casa. Y ahora a dormir, es muy tarde ya.

Me dio un beso en la frente y salió del cuarto, dejando la puerta entornada tal como la había dejado mamá antes. Papá tenía razón, allí no había nadie, y más tranquila me acomodé para dormirme, cuando un nuevo temblor de la cama me sobresaltó, esta vez acompañado de un leve gemido. “¡Goumf!” se oyó de debajo de mi cama.

-¡¡¡PAPAAAAA!!!

Salí disparada por todo el pasillo, y a la mitad papá me detuvo.

-¡Ya está bien María! – Cuando papá me llamaba por mi nombre, es que estaba enfadado – En tu cuarto no hay nadie. – Decía con su voz autoritaria mientras entrábamos – ¿Ves? – me hizo asomarme debajo de la cama.
-¡La cama tembló otra vez, y también me gruñó!
-María ya vale, a dormir o me vas a hacer enfadar de verdad.

Volvió a meterme en la cama, a arroparme, a darme su beso de buenas noches, y a dejarme sola. Y esta vez no podía salir de la cama, así que me senté apoyando la espalda en el cabecero y mis rodillas en el pecho, rodeando mis piernas con mis brazos, y con los ojos como platos esperé otro temblor o gemido de mi cama. Temblor que no llegó, o por lo menos yo no lo noté. Y mientras me repetía una y otra vez que no debía de tener miedo o me imaginaría cosas raras, el sueño fue venciéndome. Entre sueños noté que alguien me acomodaba en la cama y me tapaba, acariciando levemente mi mejilla, mientras me parecía oír dos o tres “goumf” a mí alrededor.

Las siguientes noches fueron más tranquilas, la cama no volvió a temblar, pero en mitad de mis sueños oía esos “goumf”, que lejos de asustarme, eran como una nana con la que sentirse tranquila. Hasta que una noche una de mis manos quedó colgando fuera de la cama, y justo antes de llegar a dormirme del todo, sentí como otra mano me la agarraba suavemente. Abrí los ojos de golpe, pero en vez de salir corriendo a buscar a papá, con la consiguiente regañina, me quedé quieta allí, con esa mano suave y cálida cogida de la mía. De cuando en cuando un “goumf” se oía debajo de la cama, inspirándome tranquilidad. Y así me dormí, pues no me atreví a quitar mi mano de allí. La siguiente noche, una vez en mi cama y con mucha curiosidad, dejé mi mano colgando, y a los pocos minutos volví a sentir el tacto de aquella, tan acogedor. Me acostumbré a dormir así, con mi mano cogida por el monstruo que había debajo de mi cama –dijera papá lo que dijera– y con sus “goumfs” como nana.

Con el paso de los años llegué a hablar con mi monstruo, bueno, yo hablaba, él me contestaba siempre con un “goumf”. Pero sabía que me escuchaba y me entendía. Una noche, después de contarle un chiste que había oído en el colegio, y tras varios “goumfs” seguidos, que yo interpretaba como su risa, al darles las buenas noches lo llamé Goumfi. Él me apretó la mano tiernamente, le gustaba el nombre que le había puesto.
Desde entonces Goumfi y yo fuimos compañeros de cama, yo encima y él debajo, unidos por el simple contacto de nuestras manos, y de nuestras conversaciones. En alguna ocasión quise verlo, y agarrando fuertemente su mano me asomaba debajo de la cama, pero él siempre lograba zafarse de mi agarre, y nunca pude verlo.
Con diecisiete años me fui a la cuidad a estudiar. Tan solo dormía en casa los fines de semana, y algunos días en vacaciones. Y ahí estaba Goumfi, debajo de mi cama esperándome. Aunque él jamás lo llegó a reconocer (a través de sus “goumfs” llegué a descifrar sus respuestas) sé que me echaba de menos esas noches que no dormía allí. Y sé que las noches que sí dormía en casa, al dormirme él acariciaba con su dulce mano mi cara y mi cuello, y peinaba mi cabello con sus dedos.
Cuatro años después, volví a casa a pasar la que sería mi última noche allí, pues al día siguiente me casaba e iría con mi marido a vivir al extranjero. Aquella noche fue la última que pasé con Goumfi, y él a su modo se despidió de mí.

Jamás volvió debajo de mi cama, a pesar de que a los cuarenta y tantos años enviudé, y volví a casa con mis hijos para vivir con mis padres. Recuperé mi cuarto con la misma cama. Y de allí me sacaron mis hijos hace unos meses, al sentirse incapaces de cuidar de mí por mi avanzada edad.
Él jamás volvió. Y yo jamás lo olvidé, teniéndolo presente en mi día a día. En todos los reveses que me daba la vida, yo siempre me hice la fuerte, y con un “goumf” me animaba a seguir con mi vida.

“BIP... BIP... BIP BIP BIP BIP”

Una nueva crisis se adueñó de mi cuerpo, haciéndome temblar mientras el aire se negaba a bajar a mis pulmones. Estaba angustiada, me dolía el pecho. Enseguida acudieron dos enfermeras y un médico.

-¡Ha entrado en paro cardíaco otra vez!

“BIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIP”

Desde la cama sentía cómo el médico se afanaba en traerme, una vez más, a la vida, inyectándome cosas por la vía de mi brazo, y en última instancia con el desfibrilador sobre mi pecho. Las descargas eléctricas recorrían mi cuerpo, haciéndolo saltar en la cama.

“BIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIP”

Dos, tres veces. El tiempo corría en mi contra. La muerte cerebral era ya inminente, pero el médico seguía intentando reanimarme.

“BIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIP”

Mi brazo libre caía fuera de la cama, y lo oí. El único sonido de todo el universo capaz de calmarme y hacerme sentir bien. Un familiar y casi olvidado “goumf” se oyó debajo de la cama, y una añorada mano agarró la mía, infundiéndome la calma que necesitaba en esos momentos.

“BIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIP”

En uno de esos saltos de mi maltratado cuerpo por efectos de la corriente eléctrica mis ojos se abrieron, y por primera vez en veinte años mis ojos volvieron a ver.

“BIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIP”

Vi los médicos, que ya eran dos, trabajando sobre mí. Vi a dos enfermeras detrás de ellos pendientes de todo. Y vi un ser de luz, radiante, armónico, espléndido, hermoso, mirándome a través de los dos pedacitos de cielo que tenía por ojos, agarrado con fuerza a mi mano.

-Goumfi – mis labios, resecos, temblando, apenas si lograron articular su nombre. Él había regresado a mí.
-No tengas miedo María, yo estoy contigo, – oí su aterciopelada voz, acariciando mis oídos. Su otra mano se alargó hasta posarse sobre mi marchita mejilla – siempre he estado a tu lado, jamás te abandoné. ¿No me sentiste día tras día contigo? – sus labios se transformaron en la sonrisa más hermosa que jamás había visto, dejando al descubierto sus perfectos dientes – Ven, sígueme – tiró suavemente de mí, y ya libre de todos los cables que me rodeaban, libre del molesto “BIP” del monitor, y libre de los médicos; le seguí.

Un melodioso “goumf” salió de su garganta, guiándome a su lado, mientras su mano y la mía permanecían agarradas la una a la otra, recuperando para siempre el suave y cálido tacto del monstruo de debajo de mi cama.

7/4/11

Una rosa





Mi Dama Iris me ha estado insistiendo en los últimos días para que vaya subiendo algunos de mis poemas. Así que es a ella a quien debéis echarle la culpa, pues yo sé desde hace mucho tiempo que solo son simples tonterías.

Éste en concreto fue uno de los primeros que escribí, a la tierna edad de 15 primaveras, en una aburrida clase de matemáticas de 2º de BUP (bachillerato) Recuerdo aquel día como si hubiese sido ayer, donde simplemente me dejé llevar por el simbolismo de una rosa. Y esa rosa existió, pasaba de mano en mano de todas las chicas en aquella clase, pues a una de ellas se la había regalado su novio por su primer mes juntos, y estaba que no cabía en sí de feliz. ¡¡Ay lo que hacen los quince años!!
Los primeros versos salieron de mi boca, expontáneamente, quedando mis compañeras de alrededor perplejas, y rápidamente una de ellas los anotó. Después la desarrollé más, pero desde luego toda la esencia del momento está recogida en esa primera estrofa.





UNA ROSA

Solo te pido una cosa,
si tú quisieras
traerme una rosa
antes de que me muera
para besarla,
y si tú quisieras
hasta ella llevarla
donde me espera mi amor.

Dile que la quiero
que no la olvidaré,
ya sé me muero
pero siempre la amaré
con el alma.
El camino de la muerte es duro
y estoy tan cargado de amor
que no sé cuándo llegaré,
por eso quiero ir en calma.

La herida es muy profunda
y no sé cuánto aguantaré,
trae ya esa rosa
que en ella mi amor depositaré.
Ya no me invade la duda
mi amor es puro,
déjame besar esa flor
que no dejaré a mi amada en vilo.

¡Date prisa! ¡Corre! ¡Apúrate!
mi vida y amor penden de un hilo,
un hilo de fuego
que se divierte conmigo
y trata mi amor
como si fuese un juego.

Mi vida se apaga,
mis últimas palabras,...
... para mi amada.


-1992-

5/4/11

Diploma "Ponle letra a esta canción", por mi participación

Con enorme orgullo y satisfacción hoy luzco este precioso diploma, otorgado por Iris Martinaya por participar en el primer concurso de su blog.
Ha sido todo un placer, y una experiencia, haber podido aportar mis tristes letras a ese magnífico concurso.

Y desde aquí felicito a todas las participantes, pues ha sido un concurso de muy alto nivel.
En especial mi enhorabuena a las tres finalistas, Brianna Callum, Bonnie y Citu.

Y agradezco enormemente la confianza depositada en mí, a todas esas personas que me dieron sus votos, ¡GRACIAS!

¡¡Iris, gracias por dejarme participar,
y por este hermoso diploma!!

4/4/11

Gracias Princesa Anna!!!




El poder lucir este maravilloso premio aquí, no es nada comparado con el enorme honor que es poder compartir contigo esta maravillosa amistad.
Gracias Anna por estar ahí, y por hacerme partícipe de tu gran amistad.

3/4/11

Soldado del viento



Hace muchos años ya que dejé de escribir en verso. Nunca se me dió bien, pero en aquellos años para mí fue una importante vía de escape ante los sinsabores de un amor de varios años, y con dos mil kilómetros por medio.
No busquéis rimas perfectas ni métricas bien medidas. Yo para escribir simplemente me dejaba llevar por las palabras que salían de mí. Es por eso que siempre digo que la poesía es el lenguaje del alma, y el alma no se puede encerrar y medir.





Soldado del viento:

Dime tú,
soldado del viento
que hablas y callas
todo en un sentimiento,
que junto a mí susurras
su nombre entero.
Que riegas con agua
salada del mar
mis desencuentros
para que olvide
a mi amor eterno.

Me pides que calle,
ni nombrarlo puedo
que al decir su nombre
te irás corriendo
porque no soportas
sus nobles gestos
de ser enamorado
y a la fuerza arrancado
de las puertas del cielo.

¿No ves que ni siquiera
sus manos tengo?

¿No ves que mis ojos
lloran con desconsuelo
la falta de los suyos?

¿No notas en mi voz
un gran desconcierto?

¿No sientes en mi corazón
que camina huyendo,
acortando la distancia
que une en desaliento?

¿No te fijas en mi alma
que se espanta del infierno
y cae presa del pánico
que es no tenerlo?

¿ES que acaso no ves
todo este gran excremento
que no deja a dos almas
amarse como en los cuentos?

¿Es que no se estremece
todo tu cuerpo
cuando tanto amor
por el camino se va perdiendo?

¿Es que no sientes
cómo poco a poco
la vela se va consumiendo?

¿No comprendes
que va pasando el tiempo
y que lentamente
el corazón va cediendo
a la sinrazón
y al miedo?

¡Y tan ilustre ser
que juega primero uniendo
y luego más tarde
todo lo va rompiendo!
Que el amor no se derrocha
y darlo cuesta un güevo,
que para una vez que se da
se desperdicia en lamentos
porque con quien lo has de compartir
vive demasiado lejos.

Yo quisiera acortar
la distancia en un momento
y poder con él estar
pero no puedo,
¡Tan solo un segundo,...
y no puedo!

-Julio de 1999-