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25/5/15

Mi Musa. Capítulo 2º:



Sinopsis: Germán Arrallán es un afamado novelista obsesionado
 con la protagonista de sus novelas, tanto, que hasta tiene alucinaciones con ella.
hasta que un día, en un desafortunado encuentro
da con ella en carne y hueso.




Capítulo 2º:

–Germán, no te quites las vendas de los ojos. Aun no estás curado del todo –esas suaves manos le impidieron destaparse los ojos, dejándolo algo confuso.
–¿Pe... pe... pero qué…? ¿Quién eres?... ¿Qué pasa?

Su innato tartamudeo cuando se ponía nervioso hizo acto de presencia, confirmando que estaba bastante nervioso ante este insólito hecho. Intentó levantarse, y las mismas manos lo empujaron delicadamente para impedírselo. Entonces se dio cuenta de que no estaba en el sofá de su despacho, sino en una cama, bastante incómoda, por cierto.

–Nada cielo, no te preocupes, estás en buenas manos.
–¿En buenas ma... manos? ¿Qué…?
–¡Shhhhh! Calla amor o despertarás a los demás heridos.

Un sedoso dedo envuelto en su fragancia de rosas y jazmín, con un toque de vainilla, se posó dulcemente sobre sus labios, acallándolos, repasando con la yema su contorno.

–Tenemos un ratito antes de que despierten de la siesta, ¿no te gustaría aprovecharlo?
Esa voz, tan sensual, era exactamente igual a la que en su imaginación le había puesto a su musa. ¿Acaso… sería ella?
–¿In... Ingrid? ¿Eres tú?,... ¿Mi, mi musa?
–Claro tonto, ¿Quién si no?

Tras confesárselo, su alegre risa despreocupada repiqueteó a su alrededor, mientras sentía cómo se le subía encima, empezando a repartir por su cuello miríadas de besos, cortos, urgentes. Sus manos ya se habían colado por debajo de su ropa, acariciando una de ellas su abdomen, y la otra acercándose peligrosamente hacia su entrepierna. Germán se puso más nervioso aún, y mientras intentaba apartarla, su cuerpo reaccionaba alegremente por su cuenta ante tal envite.

–Pero,… pero,… es… esto no puede estar pasando… ¡tú no eres real! –le decía casi gritando, intentando quitársela de encima.
–¿Importa eso ahora? Tú me has creado. Dime, ¿Qué hombre desprecia un encuentro real con la chica de sus sueños?

Le susurraba pícaramente al oído mientras desabrochaba los botones de su pantalón, dispuesta a liberar en todo su esplendor toda su masculinidad.

–Germán, llevamos muchos años juntos. Por muchas vidas que me inventes, muchos hombres que pongas en mi camino, yo siempre vuelvo a ti porque te pertenezco. Quiero ser tuya en todos los sentidos. Vamos amor, déjate llevar.

Con esas palabras sintió sus manos directamente sobre sus partes, y a pesar de experimentar las sensaciones más maravillosas que jamás había vivido, no pudo evitar dar un respingo en la cama, y soltarse de ella con un grito.

–¡NO!

Abrió los ojos de golpe, sobresaltado. Estaba en la penumbra de su despacho, sentado en su silla con la cabeza colgando hacia delante. Fuera era noche cerrada, y la pantalla del pc estaba oscurecida por el salvapantallas. No tenía ni idea de la hora que era, ni del tiempo que había permanecido allí dormido, pero lo que sí tenía era una dolorosa tortícolis al quedarse dormido allí. También notó algo fuera de lo normal en su entrepierna. La erección que segundos antes tenía en el sueño era real. Incómodo, buscó a tientas el ratón del pc para moverlo y que se iluminara la pantalla para poder ver algo. Al moverlo la pantalla se iluminó, y varios renglones más abajo de donde había dejado la historia, encontró una frase:


TÚ TE LO HAS PERDIDO, TONTO.

1 comentario:

J.P. Alexander dijo...

uy me gusta la musa y la historia es muy original te mando un beso