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12/6/15

Mi Musa. Capítulo 4º:

Sinopsis: Germán Arrallán es un afamado novelista obsesionado
 con la protagonista de sus novelas, tanto, que hasta tiene alucinaciones con ella.
hasta que un día, en un desafortunado encuentro
da con ella en carne y hueso.










Capítulo 4º:


¿Qué se supone que debería de hacer yo? ¿Acercarme a ella y presentarme, o salir corriendo de aquí? Se preguntaba un confuso y anonadado Germán mientras miraba al cielo, intentando buscar una respuesta o una señal. Al no hallarla, volvió a posar los ojos sobre su trasero. Ella cambió el peso del cuerpo de una pierna a la otra, y ese sensual movimiento lo hizo delirar. En ese momento, al escritor le pareció oír un suspiro saliendo de la boca de ella, mientras leía su novela. Si eso no es una provocación en toda regla, pensaba él, es que yo me estoy volviendo loco. O tal vez esa fuera la señal que esperaba del cielo. Así que con unas fuerzas que ni idea de dónde las sacó, se levantó del banco y se acercó a ella, dispuesto a todo.


recorrió los pocos metros que los separaban lentamente, cruzando el paseo, y se apoyó en la barandilla a su lado. Fue entonces cuando la oyó sollozar en silencio, ¿está llorando? Aquello lo descolocó bastante, ya no sabía qué hacer, y la idea de dar media vuelta y alejarse le pasó por la mente; cuando giró la cabeza hacia ella, y sus rostros coincidieron. A través de las gafas de sol que ambos llevaban, sus miradas se cruzaron. Así lo sintió él en su interior. Al igual que un sentimiento de dolor y de querer permanecer a su lado, que no sabía de dónde salieron. Bruscamente ella giró su cara hacia el libro, que en contra de lo que Germán pensaba, lo tenía apoyado en la barandilla sin abrir. Ahora miraba la fotografía del novelista en la parte de atrás del libro, ¿se habría dado cuenta de que era él? Casi por inercia dio un paso hacia ella, en un vago intento de acercarse y consolarla, pues creyó ver corriendo por sus mejillas lágrimas rebeldes, escapadas de sus ojos.

–Pe… perdona, ¿estás bien? –fue lo único que salió de su garganta, con su insufrible tartamudeo que se apodera de él cuando está nervioso. Ella levantó del libro el rostro y lo miró, negando con la cabeza.
–¡Aléjese de mí! –su voz salió rota de su garganta, llena de miedo. Se quedó petrificado en el sitio. ¿Tanto miedo le había causado?
–Yo… yo… so… solo quería ayudarte.

Su incontenible tartamudeo lo sacó de quicio, e intentando calmarla acercó una mano a su brazo, para hacerle saber que no quería hacerle daño alguno. Todo sucedió tan rápido que cuando Germán quiso darse cuenta ella ya estaba en el suelo. Se hizo hacia atrás en una desesperada evasiva ante el acercamiento del hombre, que sin saber cómo tropezó y cayó al suelo. Al verse tal vez amenazada por un desconocido, empezó a gritar y llorar como una posesa. La gente del paseo empezó a mirarlos, y ante sus gritos algunos de los paseantes más osados se acercaron a ayudarla. Enseguida acudió una pareja de la policía municipal. Lo primero que hicieron fue socorrerla a ella, levantándola del suelo. La llevaron al banco donde minutos antes estaba él sentado, y la calmaron. Ella se tranquilizó, y viendo que su gorra se había caído, se quitó las gafas para poder volver a recoger su pelo con la gorra. Todos los allí presentes se quedaron de una pieza al ver las marcas de una mano sobre su pómulo, el consiguiente derrame en su ojo, y la hinchazón de éste. Acto seguido todos los ojos de los allí presentes se giraron hacia Germán, y los dos policías se le echaron encima temiendo que se escapara.
Germán no daba crédito a lo que le estaba pasando. Mientras uno de ellos llamaba al 112 y pedía una ambulancia para ella, el otro sacaba sus esposas y le pedía, de forma ruda, que descubriera el rostro. Cayó entonces en la cuenta que tal vez su aspecto, con la cara tan tapada, fuera lo que en un principio la hiciera temerlo. Pero eso no era ya lo que le preocupaba, sino lo que estaba a punto de sucederle. Se quitó ante la autoridad las gafas y la boina, y enseguida un par de señoras allí paradas lo reconocieron.

–¡Es Germán Arrallán! ¡Germán Arrallán! ¡El novelista! ¡Y le pega a su novia!
–¡Qué hijo de puta! ¡Tanto escribir de amor y de pasiones, y es un machista maltratador!

Fue todo lo que necesitó oír para darse cuenta en el lío en el que se había metido. Enseguida apareció otra pareja de la policía, y mientras éstos se quedaban con ella, los primeros ya lo llevaban al coche patrulla, esposado, y haciéndole el consabido recital de “Tiene derecho a permanecer en silencio, cualquier cosa que diga podrá ser utilizado en su contra. Tiene…” Lo único que tenía, por el simple hecho de acercarse a una mujer bonita en un paseo marítimo, era un montón de problemas, y tal vez su carrera de novelista acabada para siempre.

Mientras esperaba al lado del coche patrulla, levantó la cabeza y la miró. Ella, en ese momento miró hacia él, y como si lo hubiese reconocido, miró la fotografía en su libro, y en su cara se dibujó la sorpresa al ver que efectivamente, el extraño desconocido que la había abordado, era el escritor. Su mirada, llena de asombro y disculpas fue todo lo que Germán necesitó para darse cuenta de que ella no quería que todo eso pasase. Pero ya era tarde. Un montón de móviles ya lo habían fotografiado esposado junto a la policía, y mañana saldría en la prensa, fijo:


NOVELISTA ROMANTICO
AGREDE SALVAJEMENTE A SU NOVIA


Ya podía dar por acabada su carrera. En cuanto Joan se enterara rompería todos los contratos con él. Suspiró mientras los dos policías lo hacían subir al coche, y dando un portazo echaban al traste su vida entera.


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Os quiero comentar, para quien siga esta pequeña blog-novela, que a partir de ahora voy  a ir subiendo los capítulos cada diez días. Eso significa que los subiré todos los días 2, 12 y 22 de cada mes. Me viene muy bien así, en esos diez días tendré tiempo de ir preparándolo, e intentaré no fallaros... mucho, jejeje!!

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