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24/7/15

Mi Musa. Capítulo 8º:


Capítulo 8º:




AVISO: Este capítulo contiene ciertas escenas de carácter sexual (tampoco es nada para escandalizarse), pero prefiero avisar por si a alguien le molesta este tipo de lecturas y no se lleve la sorpresa. Así que advertido queda. Gracias.





El agua tibia caía por su cuerpo desde hacía más de diez minutos, intentando limpiar así de su piel y su mente la experiencia en la comisaría. Y a pesar de que su cabeza era una olla a presión con todo lo vivido en el calabozo, había un recuerdo, una imagen que no se le iba: ella. Su acusadora al principio, salvadora al final, Elsa Maceiras.
Desde que empezó a escribir novela rosa la imagen de una mujer se fue formando en su mente y a través de las protagonistas de sus novelas fue tomando forma y carácter. Y ese largo día, su ideal de mujer se hizo carne. Carne que le perturbaba aún más que sus propios sueños con ella, pues ahora ella tenía un nombre real, era una mujer real, Elsa.

Elsa.

Elsa.

Elsa.

Su nombre se repetía en su mente sin cesar. Sus labios lo susurraban como si del mantra más hermoso y armonioso se tratara, apaciguando su alma al saber que era real, y la tenía tan cerca.

Elsa.

Elsa.

12/7/15

Mi Musa. Capítulo 7º:



Capítulo 7º:


Desde las escaleras oyó cómo bajaban varias personas. Un par de policías acompañados de un tipo con traje de marca, moreno, alto y bien parecido. El amigo Richard en cuanto lo vio dio un salto de su sitio y se dirigió risueño hacia la puerta, dando grandes voces.

–¡Hombre, Víctor! Ya era hora de que esa loca entrara en razón y te mandara a sacarme de este agujero.
–Señor Blanco, apártese de la puerta por favor –enseguida le recriminó uno de los policías.
–¡Y una mierda! ¡Éste es mi abogado y viene a sacarme de esta pocilga llena de cerdos! –bramó, agarrado a los barrotes como si de un gran simio se tratara.
–Ricardo –intervino el abogado, llamándolo por su nombre en español–, he de recordarle una vez más que mi bufete rompió hace tiempo toda relación con usted, y que yo tan solo me debo a la señora Maceiras.
–Pero Víctor, ¿acaso no te ha mandado ella a sacarme de aquí después de echarme anoche a la policía encima? –su voz sonó, por primera vez, insegura.
–El letrado Del Castillo está aquí como representante legal del señor Arrallán –fue la policía que antes le había echado la bronca la que intervino, apareciendo detrás de los tres hombres–. Ha venido por orden expresa de la señora Maceiras a aclarar el malentendido de esta mañana en el paseo, y a interponer las denuncias pertinentes contra usted.
–¿Pero qué me estáis contando? –la furia de Richard, o mejor dicho Ricardo, era ya palpable en el ambiente.
–¡Apártese de la puerta señor Blanco o nos veremos en la necesidad de usar la fuerza contra usted! –le gritó uno de los policías, echando mano a su porra.
–O sea,… –Richard entonces miró a Germán, con los ojos desorbitados, rozando la locura– ¿Tú eres el hijoputa que se ha estado tirando a mi mujer?

2/7/15

Mi Musa. Capítulo 6º:


¿Quién es ella?
¿Qué trama?
¿Qué quiere de Germán?
¿De dónde ha salido?

Y Germán, ¿qué opina de todo lo que le está pasando desde que se cruzó en su camino? Desde luego nuestro prota no tiene suerte.

Vamos a conocerla a ella un poquito más.
¿Será ella realmente su musa?



Capítulo 6º:


Después de la noche que había pasado, no ya por el dolor de los golpes que aquel malnacido le había vuelto a propinar, sino porque su cabeza era una olla a presión a punto de estallar, necesitaba salir con urgencia a la calle y respirar aire fresco. Despejar su mente e intentar, una vez más, recomponerse por dentro. Pegar los pocos trocitos que quedaban de ella, y seguir hacia delante su camino. Decidió coger un taxi y salir por el malecón de la ciudad a dar un paseo. Sabía a ciencia cierta que él estaba en los calabozos de la comisaría, era necio hasta para reconocer sus errores, y la policía local lo detuvo casi de inmediato en cuanto Sara interpuso, una vez más, varias denuncias en su nombre contra él.

Romper orden de alejamiento.
Acoso y amenazas.
Maltrato psicológico y físico.


Estaba ya harta de todo. Del trabajo, de su familia y de él. Fuera a donde fuera, él tenía que aparecer enseguida, acosarla e increparla. Había cruzado el país con su asistenta personal (su confidente y mejor amiga) dejando las omnipresentes lluvias del norte atrás, buscando el sol andaluz para que sanaran sus heridas y olvidara todo el daño que le había causado. Se había alojado en la suite de lujo de un céntrico hotel, modesto, de los que los famosos y pudientes jamás utilizarían; pero todo había sido inútil. A los pocos días llamó a la puerta de la suite, y sin ser invitado entró de un empujón. El muy hijo de puta lo tenía todo estudiado, pues eligió la hora en la que Sara había salido a cenar, dejándola a ella sola, a su merced. Y por mucho que intentara razonar con él, al final acabó golpeándola de nuevo. El divorcio, las miles de denuncias, el alejarse de él y jurarle que ya no lo quería no había hecho más que incrementar su odio hacia ella. Ya no la perseguía para recuperarla por mucho que la quisiera, simplemente alegaba que era suya, y que ningún otro hombre tenía derecho alguno sobre ella. Por mucho que un juez o hasta el mismísimo Dios bajara y dijera que ya no estaban casados, ella seguía siendo suya.

Suya.