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24/2/11

Mi Musa

Este relato lo presenté para el concurso que hizo la gran Romii en conmemoración del primer aniversario de su blog Siglos de amor, el pasado mes de diciembre. He querido traerlo a La Papelera para poder disfrutar de él, una vez más.


Todos los personajes aquí mencionados son ficticios, al igual que la historia. Si hay coincidencia alguna con algo de la realidad, es cosa de la casualidad.

MI MUSA

Mientras le daba la última calada al cigarrillo, sentado ya en mi sitio, delante del teclado y con el documento aun inmaculado; intentaba pergeñar el hilo narrativo de la historia. El personaje principal lo tenía, era ella, mi musa. Ella siempre acudía a mi mente en cuanto quería escribir algo. Y siempre era ella, la pusiera en la época que la pusiera, en las circunstancias que la pusiera, y con el nombre que fuera. Daba igual, era ella siempre. El personaje masculino sí que variaba en cada historia, aunque yo me lo imaginara en mi cabeza con mi cara, siempre perdiendo el culo por ella.
Y ahora que mi editor me había hecho un nuevo encargo ambientado en la Segunda Guerra Mundial, un romance entre un soldado herido en el desembarco de Normandía, y la enfermera que lo cuidaba, un típico de la novela romántica y el cine. Pero a Joan le apetecía verlo desde mi perspectiva, pues mi estilo romántico, profundo, con ese toque sensual que a las amas de casa encanta, y todo aderezado con mi toque andaluz; era lo ideal para sacar de cara a las navidades una nueva obra de Germán Arrallán, un apasionado escritor capaz de plasmar esa pasión en cada escrito. Todo un maestro en unir pasión y escritos en unas cuantas hojas mecanografiadas. La especialidad del genial Germán Arrallán, un servidor.

Al aplastar la colilla en el cenicero que tenía en mi mesita auxiliar, me vino la deseada inspiración, siempre de manos de mi musa particular.
El soldado,… David Sunfish, un apuesto muchacho joven de algún recóndito estado de Norteamérica, había sido herido en diversas partes del cuerpo, y la cara con metralla de una granada de mano, y había perdido temporalmente la visión,… ¡sí! Me gustaba esa trama. Y entonces aparecería ella, con una voz más que sensual, con cierto matiz lujurioso dependiendo de las palabras que fuera pronunciando, y sobre todo haría destacar un fuerte lazo de unión con el soldado creado por ella al recordarle a alguien de su pasado. Me iba gustando la historia. A él le volvería loco esa voz, lo primero que percibiría de ella hasta que no recuperara la vista. Porque al ser su enfermera ese lazo de unión se iría estrechando a pasos agigantados, sin tapujos. E iría creando el romance a partir de esos lazos, matizando en todas las situaciones posibles esa creciente relación entre ambos.
Conforme la historia iba avanzando me la iba imaginando a ella, esta vez se llamaría… Agnes,… no, sonaba a mojigata, demasiado casta, y yo buscaba una mujer que a través de su voz despertara fuego en el soldado. Ingrid. Buscaba para mis personajes nombres fáciles de recordar, a poder ser de dos o tres sílabas, llamativos y con personalidad propia. De siempre me ha gustado ese nombre, y no lo había utilizado nunca. Sí, Ingrid Lash, la enfermera Lash, un nombre más que sugerente, sobre todo para un muchacho asustado que nunca había ido más allá de su pueblo natal, herido, sin el sentido de la visión, y con un corazón en el pecho disponible para la primera damisela que hiciera méritos de ganárselo. Ella sería una misteriosa chica del extrarradio de Dublín, osada, siempre dispuesta para echar una mano, y todo aderezado por esa filosofía de vida de los irlandeses que tanto me gusta.
Ahora ya sí podía cerrar los ojos e imaginarme en la cama de un hospital, con los ojos vendados, privado de la vista; y con ella, con Ingrid a mi lado dándome todos los cuidados pertinentes para mi pronta recuperación. No sé cómo lo hacía, pero en cada historia que me sumergía con ella, las sensaciones eran tan vívidas al cerrar los ojos e imaginarla, que en muchas ocasiones me creía capaz de alargar la mano y tocarla.
Y ésta no era una excepción. Al cerrar los ojos delante de la pantalla donde letra a letra iba hilvanando su historia, me sentía tumbado en la cama con la cara vendada, todo mi cuerpo magullado, y ella a mi lado cuidándome. Percibía su olor a desinfectante revuelto en una sugerente fragancia de rosas y jazmín, y un minúsculo toque de vainilla, mi favorito, que ella siempre llevaba. Sentía sus manos, suaves, calientes, recorrer con urgencia y delicadeza mi cuerpo mientras me aseaba, con cuidado de no hacerme daño en las heridas que cubrían mi cuerpo. Y su voz, segura de sí misma, autoritaria, sensual, provocativa, y sobre todo maternal; avisándome de todo lo que me iba haciendo para no pillarme desprevenido y no asustarme ni dañarme. Así yo también hubiese querido ir a la guerra y caer herido.
Rápidamente abría los ojos y empezaba a aporrear con urgencia las teclas de mi pc, siguiendo los dictados de mi corazón al sentirse en manos de ella, mi musa, esta vez con un sensual uniforme de enfermera del ejército inglés en la Segunda Guerra Mundial, y atendiendo al nombre de Ingrid.
Conforme pasaban las horas y el sol se dirigía inevitablemente al ocaso, escena que yo notaba desde mi posición al ver las sombras moverse, y paulatinamente alargarse, la historia entre David e Ingrid iba tomando cuerpo, creciendo fuertemente, fraguándose entre las agonías de una cruenta guerra y la promesa de un futuro juntos, tal y como le gustaba a mis lectoras, un final feliz, comiendo perdices.
La historia había calado profundamente en mí. Era de esas que se escribían solas, como si mis manos fueran poseídas por una fuerza invisible que no las dejaran parar de escribir tecla a tecla. Mientras ellos iban descubriendo su amor, y la pasión que los embargaba en cada encuentro fortuito que tenían, primero en el hospital, y más adelante fuera de él. Con mi despacho ya a oscuras, iluminado tan solo por la pantalla del pc, el cansancio y el sueño fueron adueñándose de mi cuerpo. Empecé a dar cabezadas, la historia ya no fluía a la velocidad de antes, y mis manos se iban quedando quietas encima de las teclas. Los ojos se me cerraban, pero siempre con una nítida imagen presente: ella. Ingrid Lash, con su impoluto uniforme blanco, los labios, sensuales, apretados, el ceño fruncido, y la alegría apenas contenida en sus ojos, mientras miraba a David. No sé cómo llegué al sofá de mi despacho, ni cuándo me venció el sueño. Lo que sí sé es que unas suaves manos de uñas largas me despertaron de mi letargo. Con sorpresa me encontré con algo atado a mi cabeza que me impedía ver, y cuando fui a quitarme eso que me tapaba los ojos, una sensual voz de mujer me lo impidió.

-Germán, no te quites las vendas de los ojos. Aun no estás curado del todo. – Esas suaves manos me impidieron destapar mis ojos, dejándome algo confuso.
-¿Pe... pe... pero qué…? ¿Quién eres?... ¿Qué... qué pasa? – intenté levantarme, y las mismas manos me empujaron delicadamente para impedírmelo. Entonces me di cuenta de que no estaba en el sofá de mi despacho, sino en una cama, bastante incómoda, por cierto.
-Nada cielo, no te preocupes, estás en buenas manos.
-¿En buenas manos? ¿Qué…?
-¡Shhhhh! Calla amor o despertarás a los demás heridos. – Un sedoso dedo envuelto en su fragancia de rosas y jazmín, con un toque de vainilla, se posó dulcemente sobre mis labios, acallándolos, repasando con la yema su contorno. – Tenemos un ratito antes de que despierten de la siesta, ¿no te gustaría aprovecharlo? – Esa voz, tan sensual, era exactamente igual a la que en mi imaginación le había puesto a mi musa. ¿Acaso… sería ella?
-¿In... Ingrid? ¿Eres tú?
-Claro tonto, ¿Quién si no? – tras confesármelo, su alegre risa, despreocupada, repiqueteó a mi alrededor, mientras sentía cómo se me subía encima, empezando a repartir por mi cuello miríadas de besos, cortos, urgentes. Sus manos ya se habían colado por debajo de mi ropa, acariciando una de ellas mi abdomen, y la otra acercándose peligrosamente hacia mi entrepierna. Me puso nervioso, y mientras intentaba apartarla, mi cuerpo reaccionaba alegremente por su cuenta ante tal envite.
-Pero… pero… es… esto no puede estar pasando… ¡tú no eres real! – le decía casi tartamudeando, intentando quitármela de encima.
-¿Importa eso ahora? Tú me has creado. Dime, ¿Qué hombre desprecia un encuentro real con la chica de sus sueños? – Me susurraba pícaramente al oído mientras desabrochaba los botones de mis pantalones, dispuesta a liberar en todo su esplendor toda mi masculinidad. – Germán llevamos muchos años juntos. Por muchas vidas que me inventes, muchos hombres que pongas en mi camino, yo siempre vuelvo a ti, porque te pertenezco. Quiero ser tuya en todos los sentidos. Vamos amor, déjate llevar. – Con esas palabras sentí sus manos directamente sobre mis partes, y a pesar de experimentar las sensaciones más placenteras que jamás había vivido, no pude evitar dar un respingo en la cama, y soltarme de ella con un grito.
-¡NO!

Abrí los ojos de golpe, sobresaltado. Estaba en la penumbra de mi despacho, sentado en mi silla con la cabeza colgando hacia delante. Fuera era noche cerrada, y la pantalla del pc estaba oscurecida por el salvapantallas. No tenía ni idea de la hora que era, ni del tiempo que había permanecido allí dormido, pero lo que sí tenía era una dolorosa tortícolis al quedarme dormido allí. También noté algo fuera de lo normal en mi entrepierna. Esa erección que segundos antes tenía en mi sueño, era real. Incómodo, busqué a tientas el ratón del pc para moverlo y que se iluminara la pantalla para poder ver algo. Al moverlo la pantalla se iluminó, y varios renglones más abajo de donde había dejado mi historia, me encontré una frase:

“Tú te lo has perdido, tonto”

6 comentarios:

Nenina dijo...

guaaaa pasó de verdad!! y el se lo perdió... tal y como le puso bajo su texto... "tonto" ajajaja

está muy ingenioso!!! me gustó mucho!! ya terminó el concurso??? ya están las votaciones!!
está muy bueno!!!:D
y me sorprendió!!! pensé que la tomaría allí mismo jajaja
muaxxx un besote hermosa!!

Iris dijo...

Ya lo leí en el blog de Romi, y te digo como entonces, que me encantó y que ojala lo continues algún día.

Me voy a acostarme ya, que mañana madrugo y yo aunque no soy muy dormilona, pero odio madrugar!!

Mil besos mi Dama

lauriii!!! dijo...

me encanto!!!es diferente!peo me encanta! decime que vas a continuarlo!

Guardianes de la Noche dijo...

Hola!! Mi nombre es DarkPrinccs, y vengo a invitarte a que pases por este blog de "Guardianes de la Noche" que recien comienza, y bueno, para que comentes y demas..
Espero te agrade la historia, cuidate.
Au revoir
Ya te seguimos...

Atte: DarkPrinccs

Citu dijo...

Hola entre, por recomendación de Iris me fascina como escribes y me hice tu seguidora.Te mando un beso y te me cuidas mucho me encanta el personaje de German

Bonnie dijo...

Diosssssssssssssss, no puedo creérmelo, que fuerte.
Esta genial la historia Luz, y como ya te dije anteriormente, todo lo que salen de tus manos es material altamente recomendable.
Es una verdadera delicia leerte, logras con tres simples palabras meternos en situación y no nos dejas perder pie con bola hasta el final de cada capitulo.

Me encanta la historia y no te tengo ni que decir que la seguiré puntualmente, es mas, ahora mismo me voy a por el segundo, jejejeje, ventajas de llegar un poquito tarde.

Cuídate mucho mi Dama.


Bonnie