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16/11/11

BUSCANDO UN SUEÑO: 2º.- La cabaña del lago



Capítulo 2º: “LA CABAÑA DEL LAGO”


>>EDWARD


Ahí estaba ella, sentada en el escalón de la entrada de su casa, con el pelo suelto cayéndole  sobre la cara, dándole cierto aire tenebroso, acentuando sus facciones; apenas si llevaba maquillaje, lo dejaba para ocasiones puntuales, y eso me encantaba, era natural como ella sola. Sus perennes vaqueros azules, y una camiseta negra que se ajustaba a su sutil  figura de una manera más que sugerente. La mochila a los pies, el móvil en la mano, y cara de pocos amigos. Me esperaba una buena, llegaba casi media hora tarde y su cara era todo un poema. Aparqué el coche frente a ella, y mientras me bajaba, me iba preparando para su más que justificada bronca, no le gustaba esperar, y a pesar de que yo siempre era puntual, había veces que por causas de fuerza mayor, llegaba tarde. Simplemente se levantó del escalón de un salto, y salvó los ocho metros de jardín que nos separaban con una torpe y graciosa carrerita, y sin pensarlo se arrojó a mis brazos buscando el primer beso del día. Una vez más me dejó descolocado, pero agarré su cuerpo apretándolo fuertemente contra el mío y respondí a su beso de buena gana. Cuando uníamos nuestras bocas el tiempo se detenía, todos lo problemas y quebraderos de cabeza desaparecían, sustituidos por su esencia que me volvía loco, por el amor que nos profesábamos, por los sentimientos de ser un solo cuerpo y un solo corazón. Y después de casi  tres años juntos, esas sensaciones no habían hecho más que aumentar. Yo siempre volvía a nuestro primer beso, que fue tan casual como buscado, ella no se pudo resistir, y yo me moría de ganas, el beso perfecto.
Para Bella fue su primer beso, para mí no, pero sí que fue el primero que di más con el corazón que con la boca, fue mi primer beso con la persona a la que amo. Y con la misma espontaneidad que me robó el beso se deshizo de mis brazos, dejándome con los ojos cerrados y los labios pidiendo más. Me dio un golpe en el hombro, sin fuerza suficiente para hacerme daño, claro. Ya sabía yo que no me iba a librar tan fácilmente de su ira.

- Llegas tarde.
- Lo siento amor. Saliendo de casa me tropecé con mi madre y me retuvo un rato.
- Sí sí, excusas.
- ¡Lo sieeeeeento! ¿Me perdonas?
- Mmmmmm,…déjame que lo piense.
- Mientras lo piensas sube al coche, nos vamos. ¿Se lo has dicho a tu madre?
- Sí, ya lo sabe. Cuando lleguemos a donde quiera que vayamos, he de llamarla para decirle dónde estamos.
- Y yo a la mía. Va, sube, yo cojo tu mochila.

  Nos subimos en el coche. Mientras Bella se ponía el cinturón yo la observaba con ojos pícaros, estaba realmente bonita allí, sentada en mi coche, a escasos 30cm de mí, y no pude evitar caer en la tentación  de darle un beso antes de ponerme yo el mío. Sus ojos tan espesos como el chocolate me invitaban a ello y desde luego que no me resistí. Al separarme de ella me salió su nombre en un suspiro, y al abrir los ojos me tropecé con los suyos llenos de deseo. Apartamos ambos la mirada rápidamente. Nos esperaba un largo viaje, ya tendríamos tiempo para eso a lo largo del fin de semana. Arranqué y salimos en dirección a la autopista del noroeste.

- ¿Y a dónde vamos?
- Ya lo verás, es una sorpresa.
- Cuando has traído el volvo en vez del lamborghini  es porque no vamos muy lejos, ¿no?
- Muy lejos no vamos, pero de todos modos quiero que sepas que el lamborghini ya no lo tengo.
- ¿Cómo?
- Lo he vendido. Sabes que no me gustó desde el principio, se iba en las curvas de forma rara, y ese color era espantoso.
- ¿Te has deshecho de un lamborghini murciélago de un mes porque no te gustaba el color?
- Más o menos. Pero, ¿qué más da? A ti tampoco te gustaba.
- A mí no me gusta ninguno de los deportivos que has tenido. Desde luego eres un caprichoso.
- Bella es que tú no entiendes de coches.
- Será eso. Imagino que con el dinero de la venta te comprarás otro, ¿cuál te toca ahora?
- Pues no listilla, ese dinero lo he invertido en otra cosa.
- ¿Ah sí? ¿En qué?
- Ya lo verás, es una sorpresa.
- ¿Y no es otro deportivo?
- No.
- ¿Entonces qué es?
- ¡No seas impaciente cari! Ya lo verás a su debido  momento. No me estropees la sorpresa, ¿vale?
- Vale. Oye, ¿pongo algo de música?
- Como tú quieras.
- ¿Qué pongo?
- Lo que quieras, ahí tienes un montón de CD`s  para elegir.
- ¿Y a ti qué te apetece?
- ¡Ay Bella! ¡Pon lo que quieras! Lo que tú elijas estará bien.
- ¡Pues ya no me apetece nada! Siempre la tengo que elegir yo.

   Ya se había enfadado. Estaba trasteando el CD y lo soltó, se hizo atrás en el asiento, se cruzó de brazos, e hizo su característico puchero de estar enfadada. A veces me sacaba de quicio sus cambios de humor tan drásticos. Tan madura como era siempre, en ocasiones se comportaba como una niña de seis años por tonterías sin importancia. En esas ocasiones había aprendido a llevar la situación a un terreno neutral, y empezar de nuevo. Pero ella, cabezota como era, de una manera u otra, se salía con la suya sutilmente.

- Ya estamos como siempre. Anda mi amor no te enfades. Pon la radio y ya está, ¿vale?
- ¿La radio?, bueno, y qué emisora pongo.
- Esa que te gusta a ti, de éxitos de las últimas décadas.

  Metidos ya en la autopista, y mientras en la radio sonaba un tema de los ´90 de The Corrs, empezaron a aparecer los nombres de las poblaciones de la orilla oeste del Lago Michigan. A Bella de pronto se le iluminó la cara. Ya sabía a dónde nos dirigíamos. La alegría se hizo dueña de su cuerpo, se incorporó todo lo que le dejó el cinturón y casi gritando me dijo:

- ¡¡¿Vamos a volver a la cabaña del lago?!!
- Así es mi amor. ¿No te gustó tanto cuando estuvimos el verano pasado? Pues he pensado pasar allí nuestro último finde antes de irme a…, ya sabes, de incorporarme a filas.

  La alegría de su cuerpo se desvaneció al mencionar mi inminente partida, debía haber previsto que reaccionaría así, pero como siempre en ella, no lo vi.

- ¡Ay Edd! ¿Y por qué has tenido que alistarte?
- Ese tema está ya zanjado, sabes mis motivos. Por favor no pienses más en ello, tenemos dos días por delante para nosotros solos en la cabaña del lago, vamos a disfrutarlos, ¿OK?
- ¡Eso desde luego! Tengo muchas ganas de tomar el sol, y darme un gran baño en el lago. ¿Has conseguido la misma cabaña?
- Así es, la misma. Recuerda que es de unos amigos de mis padres y no está al alcance de todo el mundo. Lo vamos a pasar en grande cari, ya lo verás.

  Se volvió a acomodar en el asiento, y acercó su mano izquierda para coger la mía encima de mi pierna, entrelazando sus dedos con los míos. Eso nos reconfortó a los dos.

Pronto dejamos la autopista que iba directa a Milwaukee y nos metimos por una carretera que nos acercaba al lago. Dejamos atrás varios hoteles y complejos turísticos de las playas del lago, y por un camino de tierra nos adentramos en una zona boscosa. A un par de kilómetros de la carretera el camino terminaba en la puerta de la cabaña, nuestro destino final.
La cabaña estaba en una parcela de tierra no muy grande, pero bien acondicionada, con una playita propia provista de un pequeño embarcadero, con barca incluida. Unos árboles plantados estratégicamente daban sombra a la entrada principal y a parte del porche que rodeaba la cabaña. Al pie de los árboles había una mesa de pic-nic rodeada de bancos, todo de madera. Unos metros más allá una barbacoa de piedra. Al otro lado, en dirección al lago, nacía un camino de baldosas de piedra que tras unos escalones te llevaba a la playa. Si el lugar era un pequeño paraíso, la cabaña era el broche de oro. Era toda de madera, más bien pequeña, de planta rectangular. Antaño había sido refugio de cazadores y leñadores, había sido remodelada especialmente para pasar momentos inolvidables una pareja de enamorados. La puerta principal daba a un acogedor salón  con una chimenea a la derecha en una esquina, y enfrente un sofá en forma de L con una mesita ovalada delante. Un pequeño mueble sostenía una vieja televisión, y en la otra pared una gran ventana. A la izquierda una barra americana rodeada por cuatro taburetes  separaba el salón de la cocina, equipada con lo indispensable. Al fondo una puerta daba al único dormitorio. Era muy amplio. Una cama de 1.50 ocupaba el centro, dos mesillas de noche, un tocador a los pies, pegado a la pared,  y su propia chimenea en una esquina, con dos butacones delante, y una minúscula mesita redonda entre ambos. Un gran ventanal con una puerta daba al porche, acondicionado allí con un balancín. Al baño se entraba desde la habitación, donde lo que más llamaba la atención era una gran bañera. Todos los muebles eran de madera, estilo rústico, y con aires de la zona; elegidos y distribuidos cuidadosamente por toda la cabaña, al igual que el resto de la decoración, con un gusto exquisito.

Aparqué el coche frente a la entrada principal, y antes de bajarnos le di a Bella un beso en los labios y las llaves en la mano. Saqué del asiento trasero las mochilas, las bolsas con la comida y el maletín del portátil. Bella me esperaba con la puerta abierta y entramos juntos. La cabaña estaba tal y como la habíamos dejado nosotros el verano pasado. Los dueños eran un matrimonio amigo de mis padres, que desgraciadamente ella había enfermado y ya no tendrían posibilidades de escaparse como antes. Me apenaba su situación, pero eso me había allanado el camino para lograr mis planes, que culminarían esta noche con la cena especial que le iba a preparar a mi chica.
Bella me ayudó con las bolsas de la comida, me las arrebató ignorando mi negativa y las llevó a la cocina donde conectó la nevera, metió lo perecedero, y el resto lo almacenó en los armarios. Yo me fui con las mochilas y el portátil al dormitorio. Al salir me la encontré sentada en el brazo del sofá, mirando pensativa a su alrededor. Me acerqué por detrás, la agarré fuertemente y posando mi barbilla en su hombro, aspirando el aroma de su cabello, le pregunté:

- Mi amor, ¿en qué estás pensando?
-Lo bien que lo pasamos el verano pasado aquí. Este lugar es muy especial para mí.
- Y para mí también. En este mismo sofá te hice la dueña de mi corazón.
- Lo recuerdo perfectamente, jamás lo olvidaré. Después me cogiste en brazos, me llevaste a  la habitación, y…
 - Fue algo maravilloso, nuestra primera vez.
- No no, mi primera vez.
- Y la mía también Bella, aunque haya tenido novia antes de conocerte, sabes de sobra que llegué puro a tus brazos.

Mientras le susurraba al oído, no pude contenerme y le di un suave beso en el cuello. Ella se giró y empujándome caímos al sofá, con todo su cuerpo encima del mío, y su cara a unos milímetros de la mía.

- Lo sé Edd. Eso significó mucho para mí.

Agarró mis muñecas, apenas si podía rodearlas con sus manos, en un intento de inmovilizarme, y con sus labios fue rozando la comisura de los míos, mi barbilla, mi cuello,… y de repente dejó de besarme, se acurrucó en mi pecho, rodeó su cuerpo con mis brazos, y con los suyos se abrazó al mío, y allí se quedó escuchando el latido de mi corazón. Descolocarme era su hobby, sin ninguna duda. Pero era tal el amor, la compenetración, el sentir ser dos corazones latiendo al mismo son, que no dudé en abrazarla, dejando fluir todo lo que nos unía a través de un cuerpo a otro. Y una vez más lo hizo. Al cabo de unos minutos levantó la cabeza, me miró de forma lasciva con sus ojos de color chocolate y me susurró conforme se abalanzaba en busca de mi boca:

- ¿Por qué no vamos a la habitación?

Al besarme mi cuerpo reaccionó como ella esperaba, y de muy buena gana habría pasado de ir a la cama y hacer allí mismo lo que nuestros cuerpos pedían a gritos. Pero yo tenía otros planes y no quería que un calentón los trastocara. Así que con todo el dolor de mi alma la empujé hacia atrás cariñosamente quitándomela de encima, quedando sentados el uno al lado del otro. Y antes siquiera que me preguntara por mi reacción, se lo expliqué:

- No seas mala cari, ahora no es el momento. Quiero hacerte la cena primero, un poquito de romanticismo, y ya metidos en la noche acabar como nos apetezca, ¿vale?
- ¿estás completamente seguro que no quieres ahora?

Se abalanzó sobre mí, intentando tirarme otra vez en el sofá, pero la pude evitar. Si no fuera por la cena, la sorpresa que tenía para ella,… Estaría pensando en ese momento que estaba loco, incluso yo también lo pensaba, pero tenía una buena razón para rechazarla en ese momento. La dejé sentada en el sofá y me levanté, si volvía a intentarlo una vez más, no podría resistirme otra vez.

- Hazme caso, ahora no, pero luego no te vas a escapar. Déjame hacerte una cena romántica, vas a necesitar fuerzas para lo que te espera esta noche. No has llamado a tu madre, anda ve y llámala, yo voy a llamar también a la mía.
- Espero que cumplas tus promesas.
- No te preocupes cari, vas a pedir clemencia.
- Sí sí, fantasmón. Voy a llamar a Renée.
- Tráete mi cámara de fotos, está en el bolsillo exterior de  mi mochila. Quiero que mientras cocino salgas al lago a hacer unas fotos, que des un paseo, y tomes el sol. Quiero que te relajes y lo dejes todo en mis manos por esta noche.
- ¿Incluido fregar los platos?
- Incluido. Esta noche vas a ser la reina de este castillo, y yo tu siervo más fiel.

2 comentarios:

Iris Martinaya dijo...

Arrrrrrrrrrrrr, me ha borrado el comentario!!!!

Bueno, te decía que, quiero también a un hombre que me friegue los platos, y, que me haga después todas esas cosas que Edward tiene planeadas para Bella, jeje.

También que, menudo paraíso describes con la cabaña, no se te ha escapado detalle, el porche, la mesa de picnic, la barbacoa, y niña esa cabaña que me hace la boca agua, y ese fin de semana!!!

Y otra de las cosas es, cuando entre ellos se llaman "Cari", me trae muchos recuerdos, me parece estar escuchando la voz de mi hermana, ya te contaré.

Un beso

Bonnie dijo...

Tarde, tarde si, ya lo se y lo siento, pero es que...este finde fue... que decirte que ya no sepas, y hoy al leer de nuevo este capitulo me has dado un poco mas de lo que sentí el sábado viéndola esta maravillosa pareja en la pantalla grande.
Me encanta esta historia y ojala algún día también pudiera ser llevada a la pantalla grande, realmente se lo merece, tan solo por el hecho de ver a Edward con traje de Marine.. Mmmmmmmmmm se me hace la boca agua, jejejeje.

Un besazo mi Dama.


Bonnie