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30/10/15

La noche de Todos los Santos hay fiesta en mi casa



LA NOCHE DE TODOS LOS SANTOS HAY FIESTA EN MI CASA






Así es. Y yo no he invitado nunca a nadie.
Todo empezó hace ya unas cuantas décadas. Recuerdo aquella noche, unas semanas antes del último día de octubre como si fuera ayer. Al atardecer ya estaba apostada sobre mi chimenea aquella enorme ave nocturna, más negra que la noche misma. Y cuando las tinieblas del ocaso engulleron por completo todos los restos del día, cayendo sobre el pueblo la más absoluta oscuridad, empezó a ulular lenta, rítmicamente, lo suficiente como para no dejarme pegar ojo en toda la noche. La casa cruje con cada paso que das por sus suelos, pero en el silencio de la noche cruje mucho más. Así que lo que faltaba para acompañar esos crujidos, era el maldito pájaro ahí fuera.

Así pasó una noche tras otra hasta que a la cuarta, apareció el primero apoyado en la barandilla de las escaleras que suben a mi portal. A priori no noté nada raro en aquella figura humana la primera vez que la observé desde el ventanal del salón. Por la mañana había desparecido y no volví a acordarme de él hasta que volví a casa ya oscuro. Había sido un día muy largo, y aquella silueta recortada bajo la tenue luz de la farola me hizo dudar si entrar en casa o pasar de largo y avisar a alguien. Pero conforme me iba acercando se me hacía cada vez más familiar, hasta tal punto que al pasar por su lado, subiendo no obstante los escalones deprisa y de dos en dos, lo reconocí.