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29/6/10

HAY OTRA MANERA DE MATAR UN VAMPIRO



Aunque los propios Vulturis se nieguen a reconocerlo oficialmente, así es.

Hace ya cien años que está constatado. Aparte del propio Aro, y algunos miembros de su guardia, yo soy la única que lo sabe.

Es bueno para ellos que yo exista, no obstante sé a ciencia cierta que si pudieran deshacerse de mí, lo harían. los únicos que saben de mi verdadera naturaleza son Felix, Santiago y Aro, el enigmático y siempre interesado Aro. Él hace uso de mis servicios allá donde sus secuaces no son capaces de llegar. Están acostumbrados a un régimen casi marcial y no entienden de sutilezas. Podría decirse que yo soy la CIA de los Vuturis. Pero jamás estaré a su servicio incondicional. No soy esclava de nadie, y menos de los asesinos de mi maestro. Si en esas ocasiones he accedido a ayudarles, ha sido por conveniencia, a fin de cuentas me han encomendado eliminar a esos miembros de nuestra especie que no han sabido cumplir con las reglas del juego y las han roto brutalmente, creando el caos y la devastación entre mi otra especie.

Permitir que me presente. Me llamo Dug, tormenta en mongol. La sutileza de mi padre me hizo llamar como el caballo de mi abuelo materno, Gengis Khan. Nací en Soka, una pequeña aldea en la región más recóndita de Tobolsk, Rusia. Fue una negra noche de tormenta del invierno de 1209. Una descomunal tormenta de aguanieve descargaba fuera. Mi madre, hija de Gengis Khan y una de sus tantas esposas, con algo más de un mes de gestación y habiendo roto todas las leyes de la naturaleza de una mujer encinta, se puso aquella noche de parto. Las mujeres que la atendían no sabían realmente qué hacer, hasta que en mitad de la noche un hombre, uno de los enigmáticos soldados de la guardia personal de mi abuelo hizo acto de presencia. Era mi padre. Desalojó a las mujeres asegurándoles que él sabía qué hacer. Y tanto que lo sabía. Una vez a solas con mi madre la abrió con sus propios dientes sin contemplaciones para que yo pudiera salir. Recuerdo aquellas escenas como si de un sueño se tratara. Mi madre muriendo desangrada, la desesperación de mi padre porque yo saliera de su interior, y luego vino su desilusión al ver que no era un varón como él quería, sino una hembra. Me contempló con desprecio durante unos segundos, se encogió de hombros y resignado, mirándome a mis negros ojos me puso ese absurdo nombre de caballo. En mis negras pupilas se fueron quedando grabadas a fuego cada una de sus acciones. Con desgana y bastante contención rasgó la fina piel del cuello del cadáver de mi madre
y me acercó a la herida para que me alimentara. No fue de sus pechos de donde cogí el único alimento que me dio mi madre, fue de su cuello. No fue su leche materna, sino su sangre. La mitad de mi ser es de esa condición. Soy mitad vampiro, mitad humana, mi padre era un vampiro.

Una vez saciado mi apetito mi padre me lió en una manta y salió de aquella cabaña conmigo en sus brazos. Recuerdo los copos de nieve cayendo en mis mofletes, la velocidad de mi padre entre la estepa rusa, la oscuridad, y el abandono del cuerpo de mi madre. Jamás llegué a perdonárselo a mi padre, aquel abandono formaba una parte demasiado importante para mí, y eso al cabo de los años me llevó a acabar con él. Era un monstruo. Uno de esos que ahora me encargan eliminar los Vulturis.

Desde lo de Tunguska trabajo sola. Antes contaba con Andreas, mi maestro. Hacíamos un buen equipo y siempre nos movíamos en los márgenes de las leyes de los Vulturis, hasta que éstos se artaron de nuestros experimentos y decidieron ir a por nosotros. Estúpidos prepotentes anclados en el pasado, todo hubiera sido más fácil si nos hubieran dejado seguir con nuestros experimentos. Andreas llevaba dos siglos experimentando con la energía nuclear. Los humanos se están asomando en la actualidad a todo lo que Andreas había descubierto en pleno siglo XVIII. Eso llegó a oídos de los Vulturis y con más miedo que afán de proteger sus leyes, fueron a por nosotros:


Orillas del río Tunguska, 30 de junio, 1908:

- ¡Vamos Othar! Andreas nos está esperando en lo alto de la colina.

Sentado de cara al sol naciente, en su típica posición de meditar, la del loto, lo encontramos. Y lejos de abstraerse en su propio interior, cuando un vampiro medita lo que hace es todo lo contrario, se expande hacia afuera y sus sentidos se agudizan. Mis cualidades vampíricas están mermadas por mi mitad humana. No poseo la fuerza, destreza, velocidad, aguante e instintos salvajes de ellos, pero me asemejo mucho. Y por supuesto la educación marcial que recibí de mi padre marcó mi carácter. Según él siempre llegaba tarde a todos lados y lo hacía todo con una lentitud pasmosa. Lo que más rabia me daba de él era que me tenía envidia precisamente por ser mitad humana. Yo puedo pasar por una humana más. Puedo salir a la luz del sol, puedo ingerir alimentos típicos de humanos, digerirlos y mantenerme viva con ellos. Yo tengo en mi pecho un corazón que late, por mis venas corre sangre. Sangre. Puedo vivir sin probarla, y puedo estar delante de un torrente se sangre sin inmutarme. Él me obligaba a alimentarme con comida humana, siempre me decía que la sangre sería el último recurso para mí. Y lo más importante, carezco de ponzoña, jamás podría envenenar a nadie con un mordisco mío. Me educó como a uno de sus soldados desde mi más tierna infancia. Tenía planes para mí. Éstos se trastocaron un poco cuando en vez de nacer un varón nació una hembra, pero a fin de cuentas no le iba a importar mucho el día que se plantara delante de mi abuelo para reclamar para mí su imperio. Esos eran los planes que tenía, quería para sí mismo el imperio de Gengis Khan, y quería conseguirlo a través de mí, yo era su nieta, sangre de su sangre.

- ¡Salud Dug! Os he oído ahí abajo.
- Maestro.
- ¿Has traído lo que te pedí?
- Aquí está, la estaca estriada, el corcho, la mecha - saqué de mi bolsa todos esos utensilios y se los di.
- ¡Ah! Perfecto. La estaca viene perfecta. Fíjate cómo lo voy ensamblando todo, has de aprender a hacerlo tú.
- Lo haré maestro.
- Bien. Mantén alejado a Othar, no quiero interrupciones.
- ¡Othar!

Me miró con sus profundos ojos escarlata, asintió con resignación y se alejó no muy conforme. Él también deseaba saber cómo matar un vampiro, esos que no lo aceptaban. Lo arrojaron a esta existencia y una vez en ella lo perseguían como si de una aberración a la especie se tratara, sin llegar a imaginar que era más inteligente que la mayoría de ellos.

Andreas sacó de entre sus ropas un tubo de ensayo de unos cuatro centímetros de largo, lleno de un brebaje verdoso. Lo incrustó delicadamente en la estaca. Lo destapó y metió uno de los extremos de la mecha en su interior. Lo cerró con el corcho, pillando la mecha y dejando el otro extremo fuera.

- Con esta mecha tienes suficiente tiempo para alejarte. Le voy a tener que dar la razón a tu padre por una vez. Esa humanidad tuya va a ser un inconveniente a la hora de prender la mecha y salir corriendo - se carcajeó mientras aseguraba el tubo en la estaca, levantó la cabeza para mirarme y guiñarme un ojo.
- Lo sé maestro, pero soy rápida y fuerte, sabré salir airosa.
- Lo sé. Aun así mantente lo más lejos posible cada vez que uno de éstos vaya a explotar, no sabemos cómo podría influir la radiación en tu organismo, tu mitad humana...
- ¡Sí! mi maldita mitad humana. Dejemos el tema ya. ¿Tenemos a ese miserable de Boris localizado?
- Según mis cálculos en cualquier momento ha de pasar por ese camino hacia la aldea del río. Has de ponerte cerca del camino, con que pueda oir el latido de tu corazón es suficiente. Mantén a Othar alejado.
- No te preocupes tanto por Othar, sabe comportarse. ¿Hay noticias de los Vulturis?
- Si saben algo de las masacres que está ocasionando Boris por aquí, es seguro que se hayan puesto en camino ya. no creo que lleguen para aguarnos la fiesta de hoy. Es nuestro debut.
- Esperemos. Me pone nerviosa tenerlos cerca de mí.
- A mí también me pondría en tu situación. Boris se acerca, ¿estás preparada?
- Siempre lo estoy.
- Pues vamos allá. Sabrás entretenerlo, ¿no?
- Sí maestro sí. Qué poca fe tienes en mí.
- Son los nervios, como se nos vaya de las manos, a los próximos que darán caza los Vulturis será a nosotros.
- No sería la primera vez. Vamos ya al camino. ¡Othar! mantente fuera de su alcance, que no te oiga ni respirar - asintió con su pesada cabeza y se alejó más aún.

En cuestión de segundos nos pusimos al pie del camino. Yo me escondí entre unos árboles, Andreas lo hizo más allá detrás de unas rocas. El aire me trajo la esencia de Boris, se acercaba a una velocidad vertiginosa, a la velocidad de un vampiro. Y justo a mi altura se detuvo, el plan estaba funcionando, en cuanto me viera y quisiera atacarme Andreas aparecería y entre los dos lo reduciríamos. Miré en su dirección y lo vi, y ya no pude ver nada más. En una fracción de segundo una mano fría había tapado mi boca y otra había bloqueado mis brazos. Un olor que de pronto se me hizo tremendamente familiar me reveló quién era mi captor. Su aliento frío me lo confirmó al susurrarme al oído:

- Hola linda. Hacía tiempo que no te tenía tan cerca. hueles igual de deliciosa que siempre, eso no ha cambiado. ¿verdad? Mantente tranquilita, no quisiera hacerte daño.

Era Thadeus, uno de los guardias de los Vulturis, habían llegado en el peor de los momentos. Miré en dirección a boris y lo vi rodeado por Felix y Santiago. Nada menos que tres del grueso de la guardia de los Vulturis habían venido a Tunguska, ¿por un solo vampiro loco? No, sabían lo que nos traíamos entre manos Andreas y yo. Tendría que pensar rápido, ser ágil, y ante todo no dejarme atrapar por ellos, aunque ya lo estaba.
Thadeus salió conmigo al encuentro de sus compañeros y de Boris.

- ¡Mira qué me he encontrado ahí Felix! Nuestra vieja amiga Dug.
- Hola preciosa, ¿cómo estás?
- De maravilla, ¿no me ves? - le contesté con desprecio a Felix - ¿Puedes hacer que este mono de feria tuyo me suelte? me hace daño.
- ¡Oh claro! Qué desconsiderados, nos olvidamos de tu mitad humana. Suéltala Thadeus, no creo que se escape. - Thadeus me soltó a regañadientes, mientras Felix observaba los alrededores - Andreas no andará muy lejos, ¿verdad Dug?
- Ni idea.
- bueno, dejémonos de cháchara y vamos a lo que hemos venido. Boris, has sido un chico muy malo, no podemos consentir que vayas por ahí cargándote al ganado sin contemplaciones. Santiago, procede.

No lo dejaron ni tan siquiera explicarse. Felix lo agarró con un mortal abrazo de oso mientras Santiago se aproximó por detrás y de un tirón separó su cabeza de su cuerpo y ésta salió volando por los aires. Felix soltó el cuerpo decapitado y le arrancacó los brazos y las piernas.

- Encended el fuego, esto va para rato.- Dijo mientras se aproximaba a mí - Entonces, ¿no nos dices dónde está Andreas?
- ¡Estoy aquí Felix! ¡Ven a por mí! - de entre el montículo de rocas donde estaba escondido oímos su voz.
- Santiago ven conmigo.

Se lanzaron a la persecución de Andreas, pero él ya tenía sus propios planes, había pensado, había sido ágil, y no lo habían atrapado. Mientras Felix y Santiago de alejaban siguiendo su ratro, me quedé a solas con Thadeus, de pronto vi detras de él a Andreas. Me apresuré a entretener a Thadeus, sabía que mi maestro no me dejaría sola en manos de los Vulturis. Hace algún que otro siglo Thadeus y yo nos cruzamos y entre nosotros surgió algo que nunca se definió por mi naturaleza y porque él quería ingresar en las filas de los Vulturis. Era hora de averiguar si seguía sintiendo algo por mí, aunque solo fuera para mantenerlo distraído unos momentos.

- ¿Cómo te va Thadeus? ¿sigues igual de solo?
- No Dug. Lo siento pero no me vas a engatusar. De sobra sabes que en nuestro primer encuentro acabaría bebiendo tu sangre.
- De todas formas me vais a matar aquí en cuanto cojáis a Andreas. Por lo menos moriría dándole gusto al cuerpo.
- No me líes. No puedo mezclar el placer con el trabajo. - Me acerqué a él y puse una mano sobre su pecho, me dejó hacer. Cogí una de las suyas y la puse sobre el mío.
- ¿No lo sientes? Mi corazón ha estado latiendo todos estos años por ti.
- Dug,... no puedo, sabes que es imposible, yo... - estaba cediendo, totalmente abstraído en mis ojos negros, cuando Andreas le saltó encima y le hundió la estaca en la espalda.
- ¡Préndela y aléjate! Felix y Santiago vienen hacia aquí.

Thadeus vio la traición en mis ojos, pero cuando quiso reaccionar ya era demasiado tarde para él, la mecha ya estaba encendida y no alcanzaba a arrancarla de su espalda. No me paré a verlo, salí corriendo de allí como alma que lleva el diablo. A los pocos segundos oí la detonación a mis espaldas. El impacto de la deflagración me arrolló haciéndome saltar por los aires, afortunadamente no llegaron hasta mí las llamas. Al caer al suelo miré en esa dirección y vi a lo lejos dos siluetas estáticas. Me descubrieron enseguida y los vi iniciar la persecución en mi dirección. Tenía el cuerpo magullado por la detonación, condolido hasta el último de mis pelos, pero aun así corrí, porque de ello dependía mi vida, y a pesar de que sabía que no podía huir de ellos, corrí en un vano intento. En un minuto algo impactó contra mi espalda derribándome. Al caer al suelo vi las botas de Santiago a mi lado, una de ellas se elevó y se estrelló contra mi hombro izquierdo, el chasquido que se oyó y el consiguiente dolor me confirmó la rotura de varios de mis huesos. Ambos golpes me dejaron sin respiración, y mientras intentaba recuperar el aliento Felix se puso a mi lado y agarrándome del cabello me incorporó bruscamente.

- ¡Pequeña bastarda! ¿Qué le has hecho a Thadeus?
- Thadeus está en el infierno que es donde le corresponde. ¿Por qué no te metes con alguien de tu talla?

Fue Andreas el que le contestó. No lo habían localizado aún pero hizo acto de presencia con un golpe en la cabeza de Santiago, derribándolo. Con el segundo que había ganado de tiempo atacó a Felix haciendo que éste me soltara.

- ¡Corre! - volvió a repetirme y así lo hice con todas las fuerzas de las que era capaz para salvar mi vida. Corrí sin mirar atrás, si me giraba y los veía persiguiéndome me dejaría atrapar, y que acabaran ya con mi sufrimiento. Corrí sujetándome el costado derecho, seguramente Santiago me había roto alguna costilla con el golpe que me derribó, me dolía tanto como el hombro. Corrí hasta caer de bruces al río que me acogió en sus gélidas aguas. Me sumergí en ellas y me dejé arrastrar por las corrientes, a duras penas podía mantenerme a flote para poder respirar.

Fue el río el que me salvó de Felix y Santiago. La característica más notable de este río es que hay tramos de él que corren de forma subterránea debajo de un lecho de guijarros. Las aguas me arrastraron bajo uno de estos lechos y ahí me quedé atrapada durante horas, en una especie de lago de aguas putrefactas. El aire estaba enrarecido, pero por lo menos era aire, oxígeno que podía respirar. El mismísimo Felix pasó dos veces por encima de mí buscándome. No logró captar mi esencia.

- ¿Ves algo?
- Nada. Noto como si estuviera aquí mismo, me llega vagamente su olor, pero aquí no está.
- Lo mismo me pasa a mí Santiago. Ha debido de pasar por aquí, intentemos encontrar su rastro, no puede haber escapado. ¡Si es medio humana! esa bastarda no puede escapársenos.
- Hemos de vengar a Thadeus. Andreas ya ha pagado su osadía, ¡Que se pudra en los avernos!
- ¡Déjate de venganzas y mueve el culo ya!

Realmente no sé cuánto timepo estuve allí. Mi cuerpo quedó atrapado entre los guijarros del techo y los del suelo, estaba mojada en esas agua heladas, pestilentes, pero me sabía a salvo. La noción del tiempo y de la realidad se esfumaron en mi mente. Estaba atrapada y no tenía posibilidades de salir por mí misma. Y Andreas no iba a venir esta vez a rescatarme, estaba muerto. Lentamente me dejé morir, si es que yo y mis naturalezas podemos hacer eso, hasta que empecé a oír como si alguien golpeara los guijarros que tenía encima. Me asusté, ¿y si eran Felix y Santiago que me habían descubierto? Presté atención a los sonidos que me venían y oí claramente esa respiración que conocía a la perfecciçon, ese resoplido que daba cuando se empeñaba en hacer algo y hasta que no lo lograba no paraba. ¡Era Othar el que me había encontrado! ¡el que intentaba sacarme de allí! Mi viejo y fiel amigo Othar. La esencia de mí que se les había escapado a los guardias de los Vulturis fue un claro reclamo para mi fiel Othar, y en cuanto vio que no había peligro para ninguno de los dos fua a mi rescate. Intentaba ayudarle, pero por mi lamentable estado no pude hacer gran cosa. Todo el trabajo lo hizo él. Cuando ya pude verle la cabezota asomando por el agujero que tan trabajosamente había hecho, pude desprender con mi brazo sano algunos guijarros sueltos. Acercó una de las tiras de cuero de las riendas para que me cogiera a ella, y tirnado poco apoco me sacó de allí. Pude ver cómo una vez fuera se me quedó mirando con su mirada melancólica, y meneando la cabeza de izquierda a derecha me hizo saber que estaba en un estado lamentable. No hacía falta que me lo dijera, eso ya lo notaba yo en mi entumecido cuerpo. Me ayudó a incorporarme, y una vez sentada en el suelo se agachó, me agarré fuerte a sus crines y como buenamente pude me encaramé a su lomo. Se incorporó y nos fuimos de allí en dirección a un lugar seguro donde poder recuperarme, a nuestro hogar no podíamos regresar. Había sido un milagro escapar viva de los Vulturis.

En una cueva al pie de los montes Urales encontramos cobijo seguro, tuvo la delicadeza de bucarlo cerca de un riachuelo de aguas cristalinas. Othar era muy rápido cuando de huir del peligro se trataba. En cuanto pude descansar tranquilamente, con la seguridad que me daba él, siempre atento al más mínimo detalle a nuestro alrededor, mis heridas empezaron a sanar rápidamente. Pero yo sabía que si los Vulturis se lo proponían nos podrían encontrar en cuestión de horas.

Fue una semana lo que tardó Aro en presentarse a la entrada de la cueva, seguido de Demetri y otros dos guardias que no conocía. Othar hizo amago de atacarlo pero no lo dejé, le ordené que se tranquilizara. Y a regañadientes lo hizo.

- Te agradezco que contengas a tu bestia, venimos en son de paz, Dug.
- Seguro, si no ya nos habríais atacado.
- Que mal concepto tienes de nosotros. Solo hacemos lo que es correcto para la supervivencia de nuestra especie.
- Dejémoslo así. Tú dirás Aro, si no has venido a liquidarnos, qué te trae por aquí.
- Después de contarme Felix todo lo que pasó con Thadeus y cómo lograste escapar de él, solo he venido a ver como te recuperas. No tenemos constancia de nadie como tú y queríamos saber cómo evolucionas.
- Pues evoluciono como lo que soy, más deprisa que un humano y más lento que un vampiro.
- Me hace muy feliz que así sea. No queremos que te pase nada malo, ¿verdad Demetri? dejaste muy preocupado a Felix.

Aro había entrado a la cueva poniéndose a escasos metros de mí, Demetri estaba detrás suyo sin quitarle el ojo a Othar. Los otros dos guardias se habían quedado fuera a una orden de Aro.

- Bueno, ya me estás cansando con tus tonterías, si Felix estuviera aquí ya habría intentado matarme. Supongo que por eso no lo has traído. Dime de una maldita vez qué quieres de mí.
- Felix me ha contado la forma en la que matásteis a Thadeus. ¿Cómo fue?
- De la manera más tradicional que te puedas imaginar, con una estaca.
- ¿Pretendes tomarme el pelo? ¡Ay Dug Dug Dug! eso no está bien querida.
- Fue así como lo hicimos Andreas y yo. Pusimos una carga nuclear en una estaca y se la clavamos en la espalda, prendimos la mecha y ¡PUM! Pásate por el lugar y verás los efectos.
- Ya he estado allí. Comprenderás que no podemos permitir que hagas eso.
- En mis setecientos años de vida jamás he roto vuestras reglas, y siempre las he contemplado y he hecho lo podible para que los nuestros las respeten. Y en eso incluyo a Othar. De sobra sabes que en los trescientos años que lleva conmigo nunca ha desentonado. Lo que Andreas y yo estábamos haciendo era por el bien de los nuestros, y el de los humanos. Jamás llegamos a dañar a ningún inocente, y no teníamos intenciones de hacerlo. Jamás hemos sido una amenaza para vuestras leyes.
- Pero no podéis jugar con esa terrible energía, es devastadora.
- Has de temer más a los humanos cuando terminen de descubrirla que a Andreas y a mí.
- Siento mucho le de tu mentor, fue algo que a Felix se le fue de las manos.
- Sí, seguro.
- Dime Dug, ¿Andreas se llevó el secreto de esa energía con él, o tú también sabes utilizarla?
- ¿Y qué gano diciéndote la verdad? ¿Que me mates o me dejes seguir viviendo?
- Solo quiero tu bien, pero si posees esos conocimientos, podrían servirnos para hacer que nuestras leyes se cumplan mejor.
- No Aro, no me pidas que me ponga al servicio de los asesinos de mi maestro, antes prefiero que me matéis.
- No me estás entendiendo querida. No es a nuestro servicio, sino al de nuestras leyes, al de nuestro bienestar. Si eres capaz de eliminar a un vampiro sutilmente, sin tener que mover a toda la guardia Vulturis, estarás haciendo un bien para toda la comunidad. Eres silenciosa, discreta, tu padre te enseñó a ser una gran guerrera descendiente directa de Gengis Khan, trabajas sola, y puedes caminar entre los mortales como uno más. No te estoy pidiendo que te unas a mi guardia, lo cual me encantaría pero sé que no es posible. Solo te pido que cuando te mandemos eliminar a algún elemento subversivo, cumplas con tu trabajo. No te vamos a pedir explicaciones.
- ¿ Y qué gano yo con todo ésto?
- Te dejaremos en paz, a ti y a tu bestia.
- Está bien, pero yo no soy uno de tus guardias, no tengo que rendir cuentas ante nadie.
- De eso se trata querida, tú actúas por tu cuenta.

Aro tendió su blanca mano hacia mí, y no tuve más remedio que aceptarla. Me la agarró con vehemencia al tiempo que recordaba ese peculiar don suyo de poder inmiscuirse furtivamente en la mente de quien tocaba. Sin reparo alguno le mostré el desprecio que sentía por aquellos que mataron a Andreas. También le mostré que estaría dispuesta a quitar de en medio a todo aquel que cagara fuera del tiesto.

- Eres algo insolente querida Dug, pero prefiero los que van de frente en vez de los que intentan ocultarme sus sentimientos.
- Y tú eres un fisgón querido Aro. Si no quieres ver lo que hay, no mires.
- Me ha gustado lo que he visto. Vas a cumplir tu parte del trato.
- ¿Y tú la tuya?
- Tienes mi palabra.

El trato estaba cerrado.


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Éste es mi pequeño tributo a CREPUSCULO, dado que mañana estrenan la tercera película, y yo también he caído en las redes de la saga.
Me fascinan los vampiros y todo el mundo que ha sabido la autora (la Meyer como yo la llamo) crear, la naturaleza de estos vampiros, y los vampiros en sí. Y como imaginación no me falta, ha salido ésto. Lo he disfrutado mucho al escribirlo, espero que lo disfrute también quien se atreva a leerlo. Y gracias.

4 comentarios:

Lilyka dijo...

Que te puedo decir Luz si me encantó. Tiene un no se que que te engancha desde el principio,está muy bueno te felicito.

Lucia dijo...

Hola,me gusto mucho en serio.Tu forma de redactar me encanta pero una preguntita,¿que era exactamente Othar?¿Un caballo?xD
Adios besotes ^^

Adela/Mariola (SokAly) dijo...

Yo me atreví a leerlo y desde luego no me arrepiento.

Que bien escribes Luz, sabes hacer uso de las palabras, así que espero que esta historia no la dejes aquí y sigas con ella. Me encantó y eso que yo no soy muy dada a los fanfics.

Besos.
~Ade~

LuZ dijo...

Hola!
¡Gracias por vuestras palabras!
No tenía pensamientos de continuar ésto más allá de estas líneas, pero con vuestros comentarios me he animado, y estoy ahora mismo en la tarea de darle algo más de vida a Dug y Othar.
A ver qué sale. De todas formas no prometo nada, no puedo publicar una historia escribiendo X capítulos cada X tiempo. Mi trabajo me absorbe mucho tiempo, y si no me viene la inspiración, no me sale nada (soy de las que escriben cuando pueden, no cuando quieren)

De todas formas gracias por vuestras palabras de ánimo, y por vuestro tiempo.
Besos!