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4/1/12

BUSCANDO UN SUEÑO:11.- Mi sed, mi instinto, y... ella





Capítulo 11º: MI SED, MI INSTINTO, Y… ELLA


Cada día pienso en ti
Pienso un poco más en ti.

Despedazo mi corazón
Se destruye algo de mí.
Cada día pienso en ti
Pienso un poco más en ti.

Cada vez que sale el sol
Busco un algo de valor
Para continuar así,
Y te veo, así no te toque,
Rezo por ti cada noche,
Amanece y pienso en ti
Y retumba en mis oídos
El tic tac de los relojes.

Y sigo pensando en ti,
Y sigo pensando… *



EDWARD

- Tranquilízate  amor, lo estás haciendo muy bien.
- No sé. Sabes que estoy saciado, pero aun así el olor en los espacios cerrados es demasiado fuerte y me golpea duro. La garganta me arde.
- Tienes que controlarte. Si es preciso no respires. Pero ten fe en ti Edward, tu familia la tiene, si no no te habrían dejado hacer el viaje en avión.
- Fue más fácil cuando regresamos cruzando todo el continente a pie con mi padre. Lo disfruté mucho.
- Me lo imagino. Pero ya es hora de que empieces a controlar tu naturaleza si quieres llevar una existencia al lado de los humanos, como nosotros.
- No te preocupes, sabré controlarme. Voy a echarme una siestecita.
- No olvides cerrar los ojos, los humanos no duermen con los ojos abiertos.

     Nos acomodamos en nuestros asientos, listos para volver a Brasil. Casi un año había pasado desde que desperté al lado de mi nueva familia. Un duro año de continencia y control. Un año de sinsabores, frustraciones y sed, mucha sed.
Pero si quería llevar una existencia más o menos digna, tenía que empezar a controlar seriamente mis instintos, Carlisle no iba a estar eternamente  a mi lado para hacerme ver la diferencia entre lo que estaba bien y lo que estaba mal. Era bueno que ellos confiaran en mí, y también era bueno que Tanya estuviera a mi lado, con ella sería más fácil.
Cerré los ojos y respiré profundamente, con cuidado, dejando que todos los olores de los humanos con los que compartía el avión entraran por mi nariz, quemándome a su paso,… podía acostumbrarme, no era tan difícil como me imaginaba. Sus pensamientos también entraban en mi cabeza. Era increíble cómo se había desarrollado en mí ese extraño y a la vez fascinante don de leer los pensamientos de los demás. Había ocasiones que eso me molestaba, sobre todo cuando se trataba de mi familia. Era una manera de invadir su intimidad, pero no podía hacer nada por evitarlo, tan solo alejarme de ellos. Y había ocasiones, como ahora, que esos pensamientos de varias decenas de personas a la vez se convertía  en un murmullo,  como la corriente de un río, o las olas del mar rompiendo en la arena; donde concentrarme y dejarme llevar, alejando de mí las sensaciones de la sed. Si pudiera dormirme, lo haría arrullado con ese murmullo. Unas filas detrás de mí había una adolescente leyendo el clásico de Mark Twain, “Las aventuras de Tom Sawyer”, jamás lo había leído pero lo reconocía; así que una parte de mi cerebro se dejó llevar por la lectura, la muchacha leía con avidez y era fácil seguirle el ritmo. Otra parte de mi cerebro se concentraba en apaciguar mi sed y aparentar al máximo ser humano. El resto de mi cerebro estaba ocupado en nuestro destino.
Tanya se había acurrucado en mi hombro, agarrando mi brazo. Levanté mi mano libre para acariciar su rostro. Me sentía en deuda con ella por todo lo que me había apoyado y ayudado todo este tiempo. Estaba enamorada de mí, no necesitaba leerle la mente para saberlo, y a pesar de que le explicara mil veces que no era correspondida como ella se merecía, seguía conmigo. Mi parte más egoísta era incapaz de echarla de mi lado. La necesitaba. Sobre todo ahora que iba en busca de mi pasado, por eso regresaba a Isla Esme, mis padres adoptivos estaban allí esperándonos. Tenían cierta información que darme, un hilo del que tirar para averiguar quién era antes. Al despertar a esta vida no recordaba nada de mi pasado. Carlisle me dijo que me encontraron en mitad del mar con el cuello roto, si no me hubiese mordido habría muerto en cuestión de minutos. Mientras me contaba esto a su mente venían imágenes de un accidente aéreo en mitad del mar, cuerpos destrozados flotando en el agua, restos del avión hundidos en el fondo del océano. Una tragedia. Yo no recordaba nada de aquello. Me venían pequeños flashes de mi mida anterior, pero no reconocía ni los lugares ni los rostros que por escasas décimas de segundo cruzaban mi mente. Un día descubrí que me sabía al dedillo el derecho romano, el civil y el penal. Llegamos a la conclusión de que estaría en alguna facultad de derecho, por la edad de mi cuerpo, no más de veinte años, a lo sumo veintiuno, estaría estudiando derecho. Carlisle me daría mi nombre y algún dato más de donde poder sacar algo en claro de quién era.

   Estábamos en el Aeropuerto Internacional de Denver, esperando para el trasbordo que nos llevaría a Brasil. Tanya iba pegada a mí, y yo agarrado a su cintura como tenía costumbre, no sé por qué, pero siempre que íbamos juntos adoptábamos esa pose, para mí era una postura francamente natural y a ella le agradaba. Al pasar por las cristaleras del segundo piso, que daban a las pistas, una mirada insistente sobre mí me llamó la atención. Era una muchacha que al pie de las escalerillas del avión que acababa de llegar me miraba con ansiedad. La abarqué con mi visión periférica, y ante su insistencia decidí mirarla de frente. Diez segundos, en tan solo diez segundos su cara, su pelo, sus ojos, su figura se quedaron grabados en mi mente, y toda ella me era familiar. ¿De qué conocía a aquella humana? ¿Era su rostro uno de los que cruzaban mi mente en los flashes del pasado? Y esos ojos marrones, tan familiares, los recordaba como si de un sueño se tratase, pero yo había dejado de soñar hacía un año. Para cuando me quise dar cuenta ella ya había dejado de mirarme, un hombre a su lado le cogía del brazo. Tanya tiró del mío y nos alejamos de las cristaleras. Minutos después estábamos ya acomodados en nuestros asientos de primera clase, no podía quitarme de la cabeza el rostro de aquella chica. Pasé todo el vuelo pensando en silencio en ella, ni el olor ni la sed, ni los pensamientos de nuestros compañeros de vuelo lograron apartarla de mi cabeza. Poco antes de ir a tomar tierra en el aeropuerto de Río de Janeiro Tanya me sacó de mis pensamientos:

- ¿Estás bien Edward?
- … ¿Cómo?
- Que si estás bien.
- Sí, claro que sí.
- Llevas horas ahí callado sin moverte.
- Bueno, ya sabes dónde vamos, estaba pensando en lo que pueda descubrir de todo este viaje.
- No te preocupes mi amor, sea lo que sea yo voy a estar a tu lado siempre.
- Gracias Tanya, pero no tienes por qué.
- Quiero estar contigo.
- Me gusta que estés a mi lado, pero ya sabes de mis sentimientos por ti.
- Tengo toda la eternidad para enamorarte, y estoy segura que tarde o temprano lo conseguiré, no te voy a dejar escapar, eres el vampiro que quiero.

   Sé que no iba a hacerla cambiar de idea, así que desistí mientras nos pedían  que nos preparáramos para tomar tierra. Mi cuerpo así lo hizo, mientras mi cabeza se había quedado en Denver pensando en aquella humana. De golpe la imagen de la humana y la de la chica de mi sueño se superpusieron en mi cabeza. Era la misma persona. ¿Cómo podía ser eso? ¿No fue un sueño? La chica de mi sueño, mi último sueño que recordaba de continuo, que me había dado fuerzas para seguir hacia delante, albergando la ilusión de encontrar algún día a aquella chica. Su cara, sus ojos de la misma intensidad y espesura que el chocolate se habían colado en mi mente y pensaba en ella a todas horas. Siempre, siempre había una parte de mi cerebro, por muy pequeña que fuera, pensando en ella las 24 horas del día.
 En mi sueño ella, tras salir del túnel donde me era denegada la entrada, me agarró momentáneamente la mano, mirándome con devoción, con un cristalino amor que me llegó a lo más profundo de mí ser. Me enamoré de ella en una fracción de segundo, le sonreí tristemente, no podía quedarme allí a su lado, algo me impulsaba a seguir un camino trazado entre las tinieblas que nos rodeaban. Todo contacto carnal que tuvimos fue el suave roce de mis dedos por su mejilla, caliente y acogedora, fue electrizante, una descarga me recorrió el cuerpo desde el cabello a los dedos de los pies. Así la hice mía, así consumamos nuestro amor. El amor más grande que jamás haya existido en todos los universos y tiempos posibles, consumido en no más de ocho segundos. Quise despedirme de ella, de mi amor, y le di un tierno beso en sus apetecibles labios, tan cálidos. Me solté de su mano y en contra de mi voluntad seguí mi camino. Ella se quedó llamándome por mi nombre, a través de su dulce e insistente voz supe que mi nombre era Edward. Quería girarme y correr a su lado, pero fueron otras voces, esta vez una masculina y otra femenina, a cual más hermosa, las que me llamaban al unísono desde la dirección contraria. Al abrir los ojos vi a mis padres, mi nueva familia estaba a mi lado. El dolor de un fuego eterno quemándome las entrañas, y la imagen de aquella humana era lo último que tenía de mi vida humana, y ninguna de las dos cosas podría echarlas de mi mente. El dolor porque estaba grabado a fuego, nunca mejor dicho, en mi cuerpo. Y la chica porque hacía unas horas la acababa de ver en carne y hueso en el aeropuerto de Denver.
   Bajé del avión con la determinación de averiguar quién fui en mi existencia humana, y con el propósito de encontrarla. Ya tenía un posible lugar por el que empezar, si ella estaba desembarcando en Denver tenía que empezar por ahí, tan solo me faltaba mi antiguo apellido.

En el puerto deportivo nos esperaba Carlisle en su yate para llevarnos  a la isla. El viaje fue silencioso, pero Carlisle en su mente le daba mil vueltas a todo el asunto. No sabía si hacía bien en darme esa información tan pronto. Mi familia biológica estaría aún traumatizada por mi desaparición. Carlisle creía que lo mejor sería esperar unas décadas, pero yo estaba decidido a averiguar quién fui y quién era la chica de mi sueño, la misma del aeropuerto, que me había robado el corazón. Iba en busca de mi sueño.

Ya en la isla, mientras nos encaminábamos hacia la casa, sutilmente me deshice del agobiante abrazo de Tanya  y posando la mano en el hombro de Carlisle le aseguré que no iba a hacer nada que nos pusiera en peligro. Esa ya no era mi familia, con el agravante de que yo no recordaba nada de ellos. Esme nos esperaba en el porche, nos recibió con entusiasmo. Para mí no había más madre que ella. Todo este último año había cuidado de mí dándome con creces todo el cariño de la más dedicada de las madres, y eso jamás lo iba a olvidar.

- Vamos a mi despacho Edward.
- Adelántate tú, ahora te sigo. Tanya, por favor espéranos aquí fuera, ¿conoces la playa? Es una preciosidad. Esme, por qué no se la enseñas.

     Entré al despacho de Carlisle. Me estaba esperando sentado detrás de su mesa, y con cierto aire de preocupación me indicó que tomara asiento delante de él. Cuando hablaba con él habíamos tomado la costumbre de que él pensaba lo que tenía que decirme, y yo le contestaba con mi voz. Cualquiera que nos viera y no supiera de mi don para leer las mentes, pensaría que estaba loco hablando yo solo mientras que él parecía que pasaba de mí. Pero no era así, con solo pensarlo podíamos mantener una animada conversación. Aquella conversación la mantuvimos así, y para mí fue un tremendo alivio. De repente había cambiado de idea respecto de Tanya, no creo que a ella le hiciera gracia lo de la chica. Sería mejor si regresaba yo solo a Denver e iniciaba mis pesquisas. Ya me inventaría algo para poder ir yo solo, tan solo necesitaba la aprobación de mi hermana, eso me daría seguridad en mí mismo, es lo único que necesitaba. Al sentarme delante de él, Carlisle empezó la conversación con sus pensamientos:

“Edward, ¿de verdad quieres hacer esto ahora? Creo que deberías esperar unos años más”
- Ahora es el momento de hacerlo. Necesito saber quién fui, para poder entenderme mejor. Recuperar esa parte de mí me hará ser más humano.
“Sigo pensando que es demasiado pronto, tu familia podría verte y reconocerte”
- No te preocupes por eso, con mi don estaré siempre alerta si me acercara mucho a ellos, y también está Alice, sabes que ella en cuanto ve algún peligro nos avisa con antelación suficiente.
 “De acuerdo, de todas formas Tanya va contigo, así me quedo más tranquilo”
- Quería hablarte de eso Carlisle. Pensándolo mejor quisiera ir solo.
“¿Cómo? No te puedo dejar solo en el mundo de los humanos tan pronto”
- Confía en mí, sé que podré hacerlo.
“Ni hablar Edward, no pienso dejarte solo por ahí. Si no quieres que vaya Tanya llama a alguno de tus hermanos, pero desde luego que solo no. Estás empezando ahora a controlar tu sed, y en cualquier momento de debilidad puedes cometer algún error”

     Aun con su mente, el tono de mi padre era decidido, y seguro que no me daría lo que había ido a buscar si no aceptaba esa condición suya. El control que poseía sobre su mente era tal que jamás le podría sacar mi antiguo apellido a través de sus pensamientos, y él era el único que lo conocía. Relajé mi postura, y él inmediatamente relajó la suya.

- De acuerdo, supongo que alguno de mis hermanos querrá acompañarme.
“Jasper te acompañará encantado, no tiene ahora mismo gran cosa que hacer, ya que Emmet y Rosalie están en Europa, y Alice está liada con la universidad”
- Imagino que ahora mismo se lo estará diciendo Alice.
“Seguro. Está bien hijo, si es esta tu decisión, cuanto antes la afrontes, mejor”

   Se echó hacia atrás y abrió uno de los cajones del escritorio. De entre unos papeles sacó una cajita de cartón marrón que depositó en el escritorio delante de mí.

“Por mis recuerdos de aquel día sabrás que el avión donde viajabas era militar. Eras un marine, por los galones de tu ropa, de la cual nos deshicimos, estaba echa unos zorros, eras cabo. Seguramente un cabo recién salido del adiestramiento”
- Entonces, ¿estaba en el ejército?
“Así es. Durante tu transformación te quité la cadena con tus placas de identificación y aquí las guardé en espera de que llegara este día. No pensé que te las daría tan pronto”

     Adelantó su mano hasta la cajita y la abrió. De su interior sacó una cadena con dos placas plateadas, grabadas. Me las tendió. Las agarré y sin más preámbulos leí una de ellas, se suponía que en la otra pondría lo mismo.
E. A. Masen. Edward A. Masen, ¿qué significaría la A? Le pregunté a Carlisle, lo ignoraba. Entonces le pregunté cómo supo que la E era de Edward. Apenas si era perceptible la mínima expresión de nerviosismo que cruzó su mente, sabía como evitar mi don, aun así se lo noté. Cambió rápidamente de pensamientos y me contestó con la voz que fui yo quien le dije mi nombre al despertar a mi nueva vida. La chica llamándome en mi sueño vino a mi mente. No recordaba haberles dicho mi nombre aquel día. Quedó patente que me ocultaba algo al respecto. Aquel día fue muy confuso para mí, así que de momento lo iba a dejar pasar.
   Más abajo de mi nombre venía una serie de números. Carlisle sugirió que sería mi número de la seguridad social. Ahí tenía otra vía de investigación abierta. Trabajando Carlisle en un hospital le sería muy fácil dar con mis datos a través de mi número de la seguridad social.

“Espero que sepas aprovechar bien toda esta información que te estoy dando, y no cometas ningún error”
- No te preocupes, sabré estar a la altura. Vamos a pasar aquí unos días Tanya y yo, a ver si se me ocurre algo para persuadirla de que no me acompañe. Después quiero ir a Denver. Podría quedar allí con Jasper.
“¿Denver? ¿Por qué vas a empezar por ahí?”
- He tenido un pálpito antes, hemos hecho un trasbordo allí.
“¿No me lo vas a contar?”
- ¿El qué?
“El pálpito Edward, que ya nos conocemos”
- No soy el único que oculta información aquí, pero bueno. He creído reconocer a un humano allí, y Denver es tan buen sitio para empezar como cualquiera. Iremos a la universidad, a la facultad de derecho.
“De acuerdo, por probar no pierdes nada. De todas formas cuando regrese a casa veré qué puedo averiguar yo con tu número de la seguridad social”
- Te lo agradezco. Y también te agradecería que Tanya se mantuviera al margen de todo esto.
“No deberías jugar con ella así hijo, de sobra sabes lo que ella sient…”
- No te confundas Carlisle, ese tema se lo he dejado bien claro varias veces. Es ella la que se empeña en acompañarme. Luego hablaré con ella.
“Veré si puedo echarte una mano”
- Me vendría muy bien.

   Me levanté con la cadena y las placas entre los dedos, y entrando al salón las metí en el bolsillo del pantalón. Salí fuera, escrutando el horizonte, buscando a Esme y a Tanya, las oí en la playa y hacia allí me encaminé. Me acerqué primero a Esme, no la había saludado aún como ella se merecía, así que le di un beso en la frente, ella lo recibió con esa chispa maternal que adornaba de continuo sus ojos. Cogí la mano de Tanya y tirando de ella me la llevé detrás de unas rocas, tenía que hablar con ella. Su móvil empezó a sonar y lo descolgó después de ver y decirme que era Irina, su hermana. Mantuvo una corta conversación con ella mientras su cara cambiaba al enfado. Yo pude seguir la conversación tanto porque las oía a ambas, y porque lo veía en su mente. Su hermana la llamaba para pedirle que regresara a Denali urgentemente, y ella no quería. Mientras oía la conversación pensé en la intervención de Carlisle, seguro que él había llamado a Irina. En cierto momento de tensión entre ambas me vi obligado a intervenir, asegurándole que no me importaba que tuviera que irse, su hermana era más importante que yo. Al final tuvo que ceder. A la mañana siguiente cogería un vuelo hacia EEUU. Primera parte de mis planes, resuelta. Yo me quedaría aquí unos días más, quería disfrutar y recordar mis primeros días como inmortal aquí, en compañía de mis padres.

     Dos semanas después bajábamos Carlisle, Esme y yo del avión en el Aeropuerto Internacional de Denver. Jasper nos esperaba. Carlisle y Esme cogerían otro avión con destino Seattle. Habíamos esperado a esa semana por el empeoramiento climatológico que se esperaba para esos días allí, así podríamos ir con total tranquilidad en pleno día. Mi hermano me recibió con mucho entusiasmo, a pesar de estar lejos de Alice, le agradaba la idea de investigar en mi pasado conmigo. Él ya había alquilado un coche, y fuimos directamente a la universidad, y enseguida dimos con la facultad de derecho. Andamos por los pasillos buscando las oficinas, yo miraba cada pasillo, cada aula,  cada cara que me cruzaba, e inspeccionaba las mentes de todos los que nos cruzábamos para ver si recordaba algo, o si alguno de estos humanos me reconocía. Nada. Lo de siempre que empezaba ya a incomodarme en las humanas, sus pensamientos de deseo, rayando lo lascivo en cuanto me veían invadían mi mente y me molestaba sobremanera. Afortunadamente yendo con Jasper con él también fantaseaban, no era yo solo el objeto de sus deseos. No terminaba de acostumbrarme al olor de los humanos en espacios cerrados, pero lograba controlarme conteniendo la respiración, y con la inestimable ayuda de la tranquilidad que irradiaba Jasper en mi ser. Él también tenía algún que otro problemilla a la hora de controlarse, pero sabiendo que estaba ahí para controlarme a mí, no se iba a dejar llevar y fracasar en esta tarea.

   Llegamos a las oficinas y utilizando un poco del encanto que había descubierto tener con las féminas, sin muchas explicaciones me informaron que no había habido en esa facultad, ni en toda la universidad ningún alumno llamado Edward A. Masen. Decepcionados salimos de las oficinas cruzando los pasillos en dirección al ascensor. Al doblar la esquina una serie de sucesos se desencadenaron en cuestión de un segundo. A menos de diez metros de mí se me apareció la chica de mi sueño, me quedé inmóvil, era ella, sin ninguna duda, y mientras la reconocía la puerta de uno de los ascensores, al abrirse, empujó hacia mí su olor. No sé qué me pasó realmente, simplemente desapareció de mi mente la alegría de haberla encontrado, y el animal, el monstruo que por mi naturaleza llevo dentro se adueñó de mi cuerpo llenando mi boca de amarga ponzoña, listo para saltar sobre su presa y alimentarse. Así lo exige la cadena alimenticia, el depredador se alimenta de la presa. Y esa presa se había convertido en un bocado delicioso. Nunca había sentido mi instinto, mi sed y mi monstruo tan latente y poderoso en mi interior, cegándome por completo a la realidad. Mi única realidad en ese preciso instante era saltar sobre ella y alimentarme, como estaba mandado. En ese momento el móvil de Jasper empezó a vibrar, lo llevaba sin sonido, pero él no estaba en disposición de cogerlo. Antes de tan siquiera poder echarme hacia atrás para coger impulso para saltar sus férreas manos sujetaron mis brazos, arrastrándome hacia las escaleras que las teníamos al lado, mientras que en su mente me gritaba desesperadamente que me detuviera, que pensara las consecuencias, había demasiados testigos, y la chica no tenía culpa de nada. La chica. Al nombrarla a ella mi lado humano pudo hacerse hueco en mi mente, y me paré a observarla. Se había impresionado al verme, hasta tal punto de soltar sus libros. Yacía blanca apoyada en la pared. Intenté en el último segundo que la vi entrar en su mente, ver qué pensaba de lo que acababa de presenciar respecto de mí, pero no pude ver sus pensamientos. Jasper, aprovechando ese segundo de debilidad mío me arrastró escaleras abajo a una velocidad de vértigo, no había ningún humano en ellas. Ya en la planta baja salimos a la calle. Pude respirar, despejarme de aquel olor tan tormentoso, tan enloquecedor. Solo recordarlo me quemaba la garganta como si lava incandescente bajara por ella. No me soltó hasta no estar en el coche, y una vez allí fue cuando cogió el móvil y habló con Alice. Ambos estaban histéricos, ella gritando para que me sacara de allí lo antes posible y él asegurándole que no me dejaría hacerlo. Mi monstruo poco a poco se fue apaciguando, mientras yo me rompía la cabeza pensando en ella, en su reacción. ¿Por qué no pude ver sus pensamientos? ¿Tan ofuscado estaba por su olor? ¿Por qué reaccionó así incluso antes de ver mi actitud claramente ofensiva hacia ella? Era como si me hubiese reconocido al verme, igual que semanas antes en el aeropuerto cuando llamó mi atención su insistente mirada. ¿Acaso ella me conocía de mi vida anterior? ¿Me habría reconocido?




* “Pienso en ti”
Shakira
Pies descalzos

1 comentario:

Iris Martinaya dijo...

Uf, por que poco, como diría Emmett. Ahora entiendo lo de la rubia cogida por la cintura, y lo de la mirada de odio que Bella interpretó. Abraza a la rubia como lo hacía con ella, de una manera inconsciente.

A ver que pasa en el siguiente, aunque antes, quiero ver si me quedo con Edward o Jacob. Ya sabes lo que siento... jeje

Un beso