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15/2/12

BUSCANDO UN SUEÑO:22º.- Un domingo en casa

Antes de dejaros con este nuevo capi de Buscando un sueño, quiero dar las gracias a esas cuatro personas que en la encuesta de la izquierda han votado que sí (la quinta soy yo :-P ). Y muy en especial a Aras, por esas preciosas palabras de aliento. A pesar de ser una reposición, pues hace unos meses esta historia se publicó en El Rincón de Bonnie, me hace mucha ilusión ver que estáis ahí siguiéndola. ¡¡Muchas gracias!!
Y respecto a la cría del berberecho, tendré que estudiarlo para poder compaginarlo, porque lo que es cerrar el blog,... iba a decir que ni bajo prescripción facultativa; pero no es el caso, sino todo lo contrario. Me han dicho que mientras tenga algo que decir, aquí tengo mi espacio para ello, y eso no lo voy a cambiar nunca por nada.
¡¡Gracias por seguir ahí, aunque sea de ojitos!!






Capítulo 22º: UN DOMINGO EN CASA


BELLA


Al entrar en casa me encontré a Angela con Ben en la salita. Estaban acurrucados en uno de los sofás escuchando música, con el portátil de Angela en el regazo. Era costumbre en ellos pasar mucho tiempo así en casa y estaba acostumbrada, pero en esa ocasión me dio envidia verlos así.

-¡Eh Bella! –Me llamó Ben.
-¡Hola chicos! –Saludé con cierta alegría.
-Te noto cada día más alegre, te está sentando bien salir con ese chico –dijo Ben con humor.
-¿A que tú también se lo has notado? –preguntaba Angela con cara divertida.
-Si no hay más que verla, se le nota en la mirada –los dos me miraban riéndose a mi costa.
-Vale ya o me vais a hacer sonrojar –les dije mientras el rubor empezaba a subirse en mis mejillas.
-Si es que no hay más que verte chiquilla, si hasta tienes mejor color y todo. A ver cuándo quedamos los cuatros y salimos por ahí un día de estos, al cine o a tomar una copa.
-Ben aún es pronto para eso –le contestó Angela, y los dos la miramos extrañados por su comentario–, ellos aún están conociéndose y cualquiera a su lado les incomodaría.
-Pero, ¿no os conocíais de hace años? –preguntó él extrañado.
-Sí y no –le contestó Angela–. Tú hazme caso a mí y déjalos a su aire. Más adelante lo invitaremos a cenar aquí y que nos conozca a los tres, ¿vale?
-Claro que sí. Os lo agradezco. Por cierto, ¿tenéis planes para mañana? –les pregunté.
-Sí, vamos a ir a comer a la casa de la playa que tiene mi hermano. La tele dice que va a hacer un día casi de verano, sin nubes, ¿por? –me comentó Ben.
-Nada, por saberlo.
-¿Y vosotros? –preguntaba Angela, mirándome con curiosidad.
-Vamos a ir al lago a dar un paseo.
-¡Lo pasaréis bien!
-Seguro. Bueno, os dejo, me caigo de sueño. Hasta mañana.


Me metí en la ducha sin pensarlo, porque si no acabaría como la noche anterior, y bien caro lo pagué cuando por la mañana se presentó en la puerta con los donut´s. Me metí en la cama feliz. No solo había recuperado a Edward, sino que él seguía amándome. Sabía que tenía que hacerlo recordar, y vi la ocasión perfecta cuando me pidió algo de música. Si había algo capaz de lograrlo era nuestra pieza de música clásica favorita. A pesar de la interrupción de Alice, él reaccionó como yo esperaba, porque si no lo hacía con eso no lo haría con nada. No lo pensé siquiera, entré en mi cuarto en busca de ese CD de Debussy, y rápidamente salí a la salita a ponerlo. En el acto, con tan solo los primeros acordes él reaccionó, llenándose su cabeza de todos esos recuerdos que hasta a mi propia cabeza acudían. Nuestra primera vez en la cabaña del lago fue con “Claro de luna” de fondo. Y la última noche que pasamos allí, cuando me dio la sorpresa de haber comprado la cabaña para nosotros, también sonaba de fondo. Y esa tarde su mente y su cuerpo reaccionaron, vaya si reaccionaron. Fue lo más natural del mundo, mis labios buscaron los suyos, y se fundieron en ese deseado beso que llevaba más de dos años atorado en mi boca. Sus labios fríos en contacto con los míos, ardientes, fue toda una experiencia. E introducir mi lengua en su boca, era como saborear el más rico de los helados. El deseo me embargó cuando me empujó en el sofá hasta tumbarme y sentí cómo se echaba cuidadosamente sobre mí. Llevaba tanto tiempo esperando ese momento, que sentir sus fríos dedos en mi escote me encendió más si cabe. Lástima que le sonara el móvil, la oportuna de Alice haciendo de las suyas. Roto el momento mágico ya no tuve más oportunidades así, pero por lo menos había vuelto a saborear sus labios, a sentir sus manos sobre mi cuerpo. Había vuelto a recuperar a mi Edward.

Me dormí pensando en el maravilloso día que habíamos pasado, y pensando en el siguiente, donde tendría más oportunidades de volver a besarlo. En mitad de la noche desperté, llamándolo. Había estado soñando con él, y seguro que entre sueños lo habría estado llamando también. Un leve aroma que me recordaba a él entró con la brisa que se colaba por la rendija de la ventana, a malas penas la tenía abierta. Desde luego me estaba obsesionando con él. Sacudí mi cabeza intentando despejarme, encendí la lamparilla de la mesilla y miré el reloj, las siete menos cuarto. Me levanté a por un vaso de agua, y al acercarme a la cocina vi luz en ella. Al entrar me encontré a Angela.

-¡Buenos días! ¿A ti también te ha dado sed? –me saludó mientras llenaba un vaso bajo el grifo.
-Hola Angela, más que sed lo que tengo ya es hambre, pero aún es pronto para desayunar.
-No te creas, que yo estoy igual. ¿Desayunamos juntas? –dijo mientras tiraba por el fregador el agua que no había llegado a beber.
-¿Ya?
-¿Y por qué no? Venga, pongo la cafetera, saca tú los donut´s que no te comiste ayer. Desde luego no tendrás queja, te cuida bien –comentaba mientras rellenaba la cafetera de café molido, con una sonrisa en la boca.
-¡Demasiado bien! Pero los donut´s para ti, hoy me apetecen unos cereales.
-Como quieras. Yo quiero empezar el día con energías, las voy a necesitar para aguantar a Ben y a sus sobrinos todo el día en la playa.
-Ben es un trozo de pan, no te quejes tanto de él.
-Lo sé. Desde luego que he tenido una suerte loca con él. Y tú, ¿Qué tal ayer con Edward? Viniste muy contenta, pero al final no me contaste nada.
-Pues nada interesante, lo normal. Estuvimos casi todo el día aquí, lo besé y después…
-¡Para, para, para! ¿Lo besaste? –El café empezó a hervir mientras me miraba con los ojos desorbitados– ¿Me estás diciendo que te lanzaste y lo besaste?
-Ten cuidado con la cafetera, se va a salir el café. Y sí, lo besé,… y luego él me besó a mí –contestaba a su pregunta encogiéndome de hombros, quitándole importancia al asunto.
-¡Guau Bella! Eso sí que no me lo esperaba de ti, pero desde luego ha sido lo mejor que has podido hacer –mientras retiraba del fuego la cafetera me miraba por encima de sus gafas–.  Y si te ha correspondido, es que vais progresando, pasito a pasito.
-Así es –alcanzando los cereales de uno de los armarios de la cocina le iba desgranando mi maravilloso día–, le puse un poco de nuestra música favorita, a ver cómo reaccionaba, y desde luego que reaccionó.
-¿Ves como era cuestión de tiempo?
-Sí, pero yo me moría de ganas de besarlo.
-Me lo imagino, a mi me pasaría lo mismo con Ben.

Nos sentamos la una enfrente de la otra, ella con su café y un donut´s delante, yo un vaso de leche y mis cereales, dispuestas a dar buena cuenta de ellos. Era tan fácil y reconfortable hablar con ella que casi ni te dabas cuenta.

-Según Ben hoy va a hacer un estupendo día de sol –comentaba mientras mordisqueaba el donut´s empapado en café–, lo pasaréis genial en el lago.
-¡Seguro! Me apetece tumbarme sobre el césped y tomar el sol, y si es con él al lado, mejor. Lo que más hecho de menos de Chicago es el sol.
-¿Vas a llevarte la comida o comeréis allí en algún restaurante?
-Ni idea. Me dijo que me tendría una sorpresa preparada a la hora del almuerzo.
-Edward es un encanto. Está haciendo puntos para ganarte. Tengo ganas de que me lo presentes formalmente, y hablar con él tranquilamente.
-Te gustará, es muy inteligente, y muy risueño.
-¡Y con muy buen gusto para los desayunos! –Decía mientras acababa el donut´s. las dos reímos ante su ocurrencia.

Mientras ella despejaba la mesa yo fregaba las tazas y lo poco que habíamos ensuciado, y de ahí ya nos fuimos cada una a recoger nuestro cuarto. No sé exactamente qué se quedaría ella haciendo, pero yo no pude resistirme a la tentación de tumbarme momentáneamente en la cama, y me quedé dormida sin saber cómo. Lo siguiente que oí fue a Angela llamando con insistencia a mi puerta con los nudillos.

-¡Bella! ¡Por Dios no me digas que te has quedado dormida! –entró al cuarto casi gritando.
-¡Eh!...
-Ahí abajo hay “alguien” esperándote, ¿Le digo que suba?
-¿Ya está aquí Edward? –Di un salto de la cama al oírla, y mientras le hablaba iba cogiendo la ropa que tenía previsto ponerme– ¡Mierda! ¿Por qué no me has llamado antes?
-¿Y yo qué sabía que te habías quedado frita?
-Perdona Angela, ¡es que estoy!... ¡Uff! Anda ve y ábrele para que suba y me espere aquí, por favor.
-No te preocupes, Ben está fuera, ya le ha abierto. Si te puedo ayudar en algo…
-Gracias, pero por fortuna lo tengo todo listo –le contestaba mientras nerviosa me ponía, tumbada sobre la cama y a tirones, unos vaqueros que no querían entrar– ¿Ya está Ben aquí?
-Sí, vino hace un rato.
-¿Qué hora es?
-Las doce pasadas. Nosotros casi nos vamos ya, si no llegaremos tarde a la casa de su hermano.
-Vale. No te preocupes por nada. Dile a Edward que en cinco minutos salgo.
-Si quieres podemos esperar a que salgas.
-No hace falta, en serio. Os podéis ir tranquilos.
-Vale, ya me contarás. Chao.

De mi cuarto salí a la carrera hacia el cuarto de baño a peinarme y despejarme la cara, y en cuatro minutos estaba ya frente a un Edward espléndido, por lo visto impaciente, pero eso no le quitaba que estuviera  tan guapo y atractivo como de costumbre.

-¡Hola! –lo saludé alegremente–. Perdona el retraso, pero me he tumbado un momento y me he quedado dormida –sus ojos me miraban con afán, como si me hubiera echado en falta a lo largo de todas las horas que habíamos estado separados–. ¿Vamos? –noté cierta tristeza en su mirada, que después me confirmó con palabras.
-Buenos días cari. Verás, es que,… no sé cómo decirte esto, pero hoy no podemos ir al lago. – Sus orbes dorados, afligidos, me miraban suplicantes. Me senté en el sofá y le hice un gesto con la mano para que se sentara a mi lado. Así lo hizo. Al sentarse le cogí una de sus manos, y si bien al principio pareció reacio a ello, al final me dejó cogérsela.
-¿Qué ha pasado?
-Nada importante, pero preferiría quedarme aquí contigo –me levanté del sofá dispuesta a protestar. Me apetecía ir al lago, y más con el estupendo día de sol que hacía.
-Yo ya tenía la idea hecha de ir al lago y poder pasear contigo por la arena, y tomar el sol. ¿Por qué no podemos ir? –le pregunté, sin querer presionarle, pero exigiendo una respuesta coherente.
-Cari es que,… me he torcido un tobillo y no puedo andar mucho –decía mientras levantaba una de sus piernas, señalando el tobillo. Parecía una tonta excusa.
-¿Seguro?
-¿No te fías de mí?
-Sí, pero es que…
-Lo siento. Esta mañana, mientras cargaba en el coche una cosa con la que quería darte una sorpresa, he tropezado, y para evitar caer al suelo, he dado un mal paso. No es nada grave, Carlisle le ha echado un vistazo antes de venir. Pero me duele y no puedo andar muy bien que digamos.
-Vaya, siento haber dudado de ti –me hizo sentir culpable por mis dudas–. ¿Estás bien?
-Sí, no te preocupes.
-¿Necesitas algo?
-Solo te necesito a ti –dijo sin poder contenerse, mientras me cogía de la muñeca y me tiraba en su regazo. Lo suficiente para caer rendida a él.

Nuestras bocas se quedaron a centímetros la una de la otra. Y en una lenta maniobra, él se fue acercando a mí.

-No te muevas –me susurraba dulcemente–. Quiero probar una cosa –con su voz, sensual, hipnotizante, me tenía a su merced–. Estate muy quieta y déjame hacer a mí.

Su boca ganó esos pocos centímetros lentamente, y sus labios se fueron pegando a los míos, deleitándome con el beso más dulce y arrebatador que jamás me había dado. Tanto, que logró despertar en mi cuerpo millones de sensaciones, dejándome casi a las puertas de un orgasmo. Y todo eso tan solo con un beso.

-¡Oh Edward! –No lo pude evitar y me dejé llevar por tanta pasión. Y sin premeditación ninguna, haciendo caso omiso a su consejo, giré mi cuerpo para quedarme sentada a horcajadas sobre él, cara a cara. Mis dedos se enredaron entre los cabellos que tapaban su nuca mientras mi boca buscaba la suya con urgencia. Sus manos se perdían ya debajo de mi camiseta, acariciando con su suave y frío contacto mis costados, mientras iba subiendo poco a poco, deleitándose con el roce de mi piel. En cuestión de segundos su entrepierna reaccionó como yo más deseaba, y bajé mis manos hasta el cinturón de sus vaqueros, dispuesto a desabrocharlo. Entre nuestros besos y jadeos por la urgencia me pareció sentir su móvil vibrar en el bolsillo de su chaqueta. Ahí terminó todo. Gentilmente me apartó de encima de él mientras que con una sonrisa de frustración me reprochaba por no haberle hecho caso.

-¿Alice otra vez? –Le recriminé, herida en mi orgullo al ser rechazada así, cuando más me urgía su contacto.
-Es un mensaje nada más –me dijo mientras miraba el móvil.

Me miró y, como si fuera una niña, me dio un beso en la frente, dejándome así, con todas las ganas y sin ninguna explicación. Me quedé sentada en el sofá, enfurruñada, con los brazos cruzados  y mirándolo rencorosamente. Se levantó del sofá y se encaminó hacia una enorme caja que había en la entrada, que hasta entonces había pasado desapercibida para mí. Siempre cojeando de un pie, la subió encima de la mesa mientras me decía que era un regalo para las tres chicas que vivían en el piso. Al abrirlo de su interior sacó un televisor de pantalla plana último modelo.

-Ahora sí vamos a poder ver juntos esas pelis que tanto nos gustaban –decía mientras la instalaba.
-¡Esto es demasiado, no puedo aceptarla! –me dejó con la boca abierta. El enfado había pasado a la historia. Ahora estaba que no me podía creer semejante locura. Por otra parte, una locura de las típicas en él. Siempre había sido así de espontáneo y generoso.
-Claro que puedes, es un regalo que te quiero hacer, y el cual sé que vamos a disfrutar juntos.
-Pero es que Angela y Mia no van a…
-No te preocupes por ellas. El novio de Angela, Ben, me ha ayudado antes a subirla, y están encantados. Y a Mia también le gustará. Ayúdame con el cable de la antena y en cinco minutos nos podemos poner a ver una película tranquilamente en el sofá.

Así fue. En unos minutos estábamos en plena sesión de cine, a media luz, acurrucados en un sofá, con una manta por encima y un cuenco de palomitas de microondas en las manos. Después de dos películas llamamos para que nos trajeran algo de comida china a domicilio, solo para mí, él seguía con esa dieta suya especial que le prohibía hasta comer una sola palomita; cuando antes en Chicago tenía que sacárselas de la boca si quería comer alguna.
Después de comer pusimos un poco de música, nada de Debussy a petición de él, quería algo moderno y ambiental. Nos volvimos a acurrucar en el sofá debajo de la manta, y hablamos durante buena parte de la tarde. Hasta que sin darme cuenta me dormí entre sus brazos.
Ya había oscurecido cuando desorientada desperté. Tan solo notaba cierto helor a mí alrededor.

-Tranquila princesa, estás conmigo, enseguida enciendo la luz –lo oí decir a mi lado.
-Me he quedado dormida. Soy un caso, me duermo hasta de pie.
-No pasa nada, eres preciosa hasta durmiendo –decía mientras se levantaba y, siempre cojeando, se acercó al interruptor de la luz y la encendió–. Creo que debería de irme ya. Mañana tenemos que volver a las clases, y aun no las hemos preparado.
-Sí –le decía mientras me estiraba en el sofá como si fuera un gato– tenemos clases con el profesor Brenner y tal vez un posible control.
-¿No te importa quedarte sola aquí?
-No creo que las chicas tarden mucho en volver. Ellas también tienen clases a primera hora de la mañana.
-De acuerdo, entonces mañana nos vemos en la uni. Que descanses mi vida.
-Y tú también –le iba diciendo mientras él se acercaba a mí para darme uno de sus cada vez más apasionados besos–. Edward…
-¿Sí?
-… te quiero–. En su cara se dibujó la más hermosa de sus sonrisas al decirle esas dos simples palabras.
-Y yo a ti también. Hasta mañana, princesa.

1 comentario:

aras dijo...

hay estuvo mas que maravilloso el capitulo me gusto mucho,tu sigue adelante besos