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19/2/12

BUSCANDO UN SUEÑO:23º.- De vuelta a la vida





Capítulo 23º: DE VUELTA A LA VIDA



EDWARD

Las primeras gotas de lluvia me cayeron a eso de las seis de la mañana, una hora antes de que a ella le tocara el despertador. Por suerte el buen tiempo del fin de semana había pasado, y según Alice se esperaban para los próximos días tormentas por la zona. Todo un alivio para mí, pues fingir que estaba cojo para evitar salir al sol, me hacía sentir el ser más miserable de todo el planeta. ¿Dónde se ha visto un vampiro con un tobillo torcido?... en casa de Bella. Era hora de dejar la azotea del edificio, y volver a casa a cambiar mi ropa para empezar una nueva jornada en la universidad, junto a ella.

Los días a su lado se fueron sucediendo tranquilamente. Era una delicia poder disfrutar cada vez más de su compañía, y poder saborear sus labios, pues ella a la más mínima ocasión se enganchaba a los míos. Era tan obvio lo que buscaba, que cada día me dolía más tener que negárselo, sobre todo porque yo estaba como ella, muriéndome de ganas de ir más allá de unos simples besos. Pero no podía, el monstruo sediento por su sangre estaba siempre esperando la más mínima ocasión para poder tomarla. No podía dejarme llevar y bajar la guardia, porque en el momento que esto sucediera, ella estaría muerta.
Se hizo una agradable costumbre acabar las tardes en su piso. Sus compañeras de piso fueron cambiando la idea que tenían de mí conforme vieron mi actitud con ella. Lejos de querer engañarla y volver a hacerle daño, les fui demostrando que estaba con ella para todo, y que no la iba a dejar tirada otra vez. Un par de semanas después de regalarle el televisor me invitaron a cenar al piso y así poder conocerlos formalmente. La velada transcurrió con normalidad, salvo a la hora de cenar, pues fue una auténtica tortura tener que masticar y tragar todos esos alimentos. Pollo por un lado, verduras crudas por otro lado, otras verduras cocinadas, frutas, postres dulces… me ofrecieron todo un festín, y casi salí de allí mareado ante toda esa comida. Para mi desgracia eran cuatro pares de ojos pendientes de mí, y no pude esconder en los bolsillos de la chaqueta gran parte de la comida que con asco iba masticando, tuve que tragarla. Afortunadamente con la excusa de mi “enfermedad tropical” me pude librar de gran parte de la comida que pusieron para agasajarme.

Mia resultó ser todo un personaje. Era a la única que no había tratado antes, pues a Angela y a Ben los tenía vistos, y era la más recelosa conmigo. Tenía recuerdos dolorosos de Bella llorando en su cuarto después de la primera vez que hablamos, donde yo la traté con tanta frialdad por no recordar cosas de ella. Y al ser estudiante de enfermería retuvo en su memoria todos los síntomas de la enfermedad tropical que había padecido, con intenciones de buscarla y poder documentar a Bella.

-Pues sí que son raros esos síntomas –me abordó después de cenar–, déjame tomarte la temperatura un momentito.
-Gracias Mia, pero estoy bien.
-Si va a ser solo un minuto, es que es muy anormal que estés todo el día tan frío.
-No te preocupes por mí, estoy bien, en serio.
-¿Y cómo dices que se llama? –insistía cogiendo mi mano, con intenciones de buscar mi pulso. Rápidamente me soltaba de ella y me alejaba.
-El síndrome deee,… no logro acordarme, pero mañana mismo le pregunto a mi médico de cabecera.
-Mia, por favor, vas a asustar al chico –le recriminaba Ben, aguantando la risa–. No se lo tomes a mal Edward, a mí casi me obligó a hacerme la prueba del VIH cuando se enteró de que Angela y yo,… ya sabes, habíamos intimado.
-¡Ben! –le recriminó Angela.
-Lo siento mi amor, pero es verdad.
-¿Mia? ¿Es eso cierto? –por lo visto Angela se estaba enterando del asunto en esos momentos.
-Fue por tu bien. Pero es ya agua pasada. Además, él dio negativo,... ¿Os apetecen unas copas? –Cambió sutilmente de tema–. ¿Café tal vez?
-¡MIA! –gritamos los cuatro a la vez, estallando en ruidosas carcajadas segundos después.
-Pues yo no me río –nos miraba ella, intentando aparentar seriedad–, a mi novio ya le he dicho que o se mira por qué está siempre tan caliente, o no hay nada que hacer conmigo. No me voy a exponer a pillar algo chungo por un rato de placer.
-¿El banquero? –le preguntó Ben, mientras pensaba cuánto le duraría ese novio.
-No, con ese solo estuve un fin de semana. Ahora estoy con el que va a ser el padre de mis hijos.
-Sí sí, eso dices de todos –le replicaba riendo.
-Con este voy en serio, es un bombón. Aparte de que está muy bien, es muy dulce y cariñoso, y un chico muy sencillo y transparente. Os gustará, luego vamos a tomar una copa y os lo presento, he quedado con él.

Y así fue, para terminar la velada decidimos ir los cinco a un pub de los que frecuentaba Mia a tomar esa copa. Por descontado que yo no tomé ni una gota de alcohol, pero Mia insistió en invitarme a tomar algo, y acabé con un zumo de piña pasándomelo de mano en mano durante más de una hora.
Acabar en un rinconcito en penumbra de la pista con Bella bailando pegada a mi cuerpo, fue una experiencia que jamás olvidaré. Ver ese cuerpo moviéndose al son de la música, remarcando cada curva, insinuándoseme, primero tímidamente y luego sin ningún reparo, provocándome; me puso a mil por hora. Me hizo desearla como nunca antes, y por un momento pensé en dar esa noche el paso que tanto me estaba pidiendo por activa y por pasiva. Me fui dejando llevar por la música, por sus movimientos, siguiéndola, imitándola. Me agarraba a su cintura, y con mis labios rozaba su cuello, irresistible. Sí, creo que de aquella noche no hubiera pasado, estaba seguro de mí, y el hecho de que Alice no nos hubiera interrumpido me hacía cada vez tomar más confianza en mí.
Pero entonces irrumpieron en mi mente los pensamientos de tres chicos que nos miraban atentamente. Eran varios chicos los que desde hacía rato no apartaban los ojos de Bella, ante eso no podía hacer nada, tan solo tragarme mis celos, ese instinto de posesión que sentía por ella; y disfrutar por ser el afortunado que estaba a su lado. Pero los pensamientos de aquellos tres llamaron mi atención de una forma especial. Ellos no estaban mirando a Bella, si no a mí. Y no sé cómo, pero enseguida notaron que no era humano, sabían que era un vampiro. ¿Cómo? No lo sé, pero estaban a la defensiva, a la más mínima señal de que intentara atacar a Bella, saltarían sobre mí. En una de las ocasiones que mis labios se posaron sobre su cuello, tomaron posiciones rodeándome, y de golpe lo entendí. Logré captar el nauseabundo olor de uno de ellos, eran chuchos de la reserva Quileute, y estaban esperando que  acometiera a mi Bella, para atacarme ellos a mí. Seguro que alguno sería hijo o sobrino de nuestro querido profesor Uley. Mientras analizaba la situación, vi acercarse alegremente a Mía, y con el gesto más natural del mundo se enganchó al cuello del más alto de ellos y tiró de él hasta alcanzar a darle un beso. ¿Uno de esos chuchos era el novio de Mía? Él le correspondió sin apartar sus ojos de mí. Mia se separó de él, y muy resuelta iba a acercarse a nosotros cuando la cogió fuertemente del brazo y se lo impidió. Al ver la situación no quise complicar las cosas más, así que le dije a Bella que Mia la estaba buscando, y dejé que se acercara a ellos. Yo también me acerqué, no iba a dejar a Bella sola delante de tres asquerosos chuchos.

-¡Bella! Estáis aquí, ¡Qué bien! Acercaos que os presente a mi novio y a dos amigos suyos –le gritaba a Bella, ajena a todo.
-¡Ya vamos! –Le contestó ella– ¿Vienes? –me preguntó al coger mi mano y tirar de mí hacia Mia y el chucho.
-Ve tú delante mi amor, te sigo –fue lo único que atiné a decirle, no me gustaba que se acercara a esos chuchos, pero no había otra opción, Mia no podía sospechar nada.
-Bella, él es Jacob,... ¿has visto qué bueno que está? –Nos presentó al más alto, sin poder evitar el comentario, al que Bella contestó con una tímida sonrisa–, y ellos son Embry y Quil –señaló a los otros dos. Ninguno de los tres se inmutó, ni tan siquiera movieron una pestaña–. Ellos son Bella, mi compañera de piso, y Edward, su novio.
-¡Hola! ¿Qué tal? –Bella los saludó, pero yo hice lo mismo que ellos, quedarme observándolos.
-Hola, Bella –el novio de Mia fue el más cortés, al menos le dedicó un seco “hola” a Bella, siempre sin apartar la vista de mí–. Mia, nos vamos a un lugar más tranquilo, aquí dentro apesta. ¿Te vienes?
-¡Si acabáis de llegar! Vamos a quedarnos un ratito con ellos –nos señaló.
-Lo cierto es que nosotros ya nos íbamos –La interrumpí, no quería tenerlos cerca, ni de mí ni de Bella–. Vamos cari –cogí su mano para sacarla de allí, no soportaría por un minuto más estar al lado de los tres chuchos.
-Bella, ¿Por qué no te quedas con nosotros? Ni Embry ni Quil tienen pareja, y tú eres muy bonita –oí la voz del tal Jacob, tan descaradamente proponerle eso a Bella, que no pude evitarlo, me giré y le planté cara tal como ellos querían.
-Está conmigo, así que manteneos alejados de ella.
-Pero con nosotros estaría mejor –seguía provocándome.
-Lo dudo. No os metáis en mis asuntos, y no me meteré en los vuestros. ¿OK?

Aun tenía su mano entre las mías, haciendo un gran esfuerzo para no apretársela por la rabia que me corría por dentro. Ninguna de las dos entendía lo que pasaba. Mia era todo confusión. Se quedó en los brazos del chucho mientras él nos miraba con odio, insultándome y compadeciéndose de Bella: “Lástima, una chica tan bonita, y acabar de almuerzo de un maldito chupasangre. Si estuviéramos en la reserva se enteraría de lo que es bueno. Pero aquí en Seattle no me voy a poner a perseguirlo. Tengo mejores cosas que hacer”. Pensaba mientras se acercaba a Mia, poniendo una de sus zarpas en su trasero.

Otra cosa bien distinta era lo que pensara Bella de lo sucedido. La noté algo enfadada mientras caminábamos hacia el volvo, pero no me dijo ni una sola palabra, ni buena ni mala. Entramos en el coche y le pregunté dónde le apetecía ir.


***



BELLA

Después de sacarme del pub donde estábamos con mis amigos, y de tratar al novio de Mia y a sus amigos así, ¿cómo podía comportarse como si nada? Aun me preguntaba dónde quería ir, sin darme una explicación. Exploté.

-¿Se puede saber qué es lo que ha pasado ahí dentro?
-¿Qué ha pasado? –¿Me estaba tomando por tonta?
-Llévame a casa.
-Pero Bella,…
-¡He dicho que me lleves a casa! No quiero estar con un camorrista mentiroso.
-¡Camorrista yo! Bella, ¡por favor! ¿Acaso no has visto cómo nos miraban esos tres?
-Por supuesto que los he visto, pero ellos no me importan. Me importas tú, y tú antes no eras así.
-Lo siento, pero no voy a dejar que nadie te hable así. ¿Cómo se supone que habría actuado antes?
-No lo sé, pero no de esa forma tan posesiva. No soy un objeto.
-No he querido tratarte así, pero no puedo dejar que te hablen así. Estás conmigo, como yo contigo, y yo no voy tonteando con ninguna chica.
-Siempre hemos estado así, y nunca hemos tenido problemas con nadie –Le aclaré, mientras levantaba mi mano, la que minutos antes tenía entre las suyas, y movía los dedos comprobando que tenía todas las articulaciones bien. En uno de esos movimientos me quejé levemente al oír los chasquidos de mis nudillos –.  Y me has hecho daño en la mano.
-¡Lo siento! Eso no me lo voy a perdonar nunca. ¿Te he hecho algo serio? ¿Te llevo a un médico?
-No es nada, simplemente me has apretado demasiado fuerte.
-Vamos al hospital donde trabaja mi padre… adoptivo. Es un gran tipo, te gustará.
-Edward no es nada.
-Lo sé, pero me quedaré más tranquilo si te echa un vistazo.

Salió de la ciudad conduciendo como un loco y tomó una de las autopistas de la costa. En menos de una hora y tras una conducción temeraria llegamos a la entrada de urgencias de un hospital de pueblo.

-Ven, Carlisle está esta noche de guardia, no tendrá problemas en hacerte una radiografía y examinar esa mano.
-Edward no es nada.
-Por favor Bella. Así lo conocerás. Él fue quien me rescató en el accidente.

Saber que iba a conocer a la persona que salvó a Edward de morir en aquel accidente en mitad del mar me puso nerviosa. Tenía tantas cosas que decirle, que agradecerle, que la lengua se me trabó cuando en la sala de recepción un joven médico llamó a Edward, y con la preocupación reflejada en su cara, se nos acercó. Yo esperaba a un señor ya maduro, con el pelo canoso, barrigón y algo calvo; y me encontré a un apuesto treintañero rubio, con los ojos del mismo tono dorado que Edward, de piel pálida, y apuesto que igual de fría que la de Edward (¿acaso toda esta familia había padecido la misma enfermedad tropical?)

-Edward, ¿Qué ha pasado?
-Nada grave, simplemente he puesto demasiado énfasis a la hora de coger a Bella de la mano, y le he hecho daño. ¿Puedes mirársela?
-Ahora mismo. ¿Me acompaña señorita? –sus dorados ojos se posaron en los míos, dándome una especie de bienvenida, mientras en su cara se reflejó una cálida sonrisa. Realmente era como había dicho Edward–. Será mejor que tú esperes aquí –Le dijo a Edward cuando hizo ademán de seguirnos. Él simplemente asintió, y con cara de resignado se sentó en la sala de espera.

Lo primero que me hizo fue una radiografía, y mientras la esperábamos tuve oportunidad de hablar con él, tenía tanto que agradecerle.

-Doctor Cullen, quisiera agradecerle todo lo que ha hecho por Edward, desde salvarle la vida, hasta acogerlo en su familia como si fuera un hijo.
-No tienes nada que agradecerme, él se lo merece.
-Aun así doctor. Edward es mi vida. Estos dos años que he estado sin él, creyendo que estaba muerto, yo también he estado muerta. Recuperarlo ha sido para mí volver a la vida.
-Veo que lo quieres mucho. Me alegra ver que es correspondido, porque él te ha querido desde que lo saqué del agua. Sabes del golpe que se dio en la cabeza que lo hizo olvidar su pasado; pues aun así él te amaba, aun sin saber que era a ti.
-Gracias por salvarlo.
-… Ya está la radiografía, veamos –mientras examinaba la radiografía de mi mano, yo lo examiné a él. Lo noté muy unido a Edward, y eso me gustó. Él estaba bien con esta familia–. Pues por lo visto no tienes nada roto. Mira, al parecer estos huesecillos de este dedo estaban fuera de su sitio, pero han vuelto a la normalidad de forma natural.
-El chasquido de antes cuando lo he movido.
-Así es. Te dolerá durante unos días, y vas a tener algo de inflamación. Ponte hielo para bajarla, y toma unos analgésicos cuando te duela, no fuerces esa mano, y en un par de días como nueva. Vamos fuera, no lo hagamos esperar más de la cuenta, conociéndolo tendrá remordimientos por el daño que te haya podido causar.

Los dos reímos a la vez, conocía muy bien a Edward. Al llegar a la sala de espera lo encontré apoyado en una de las paredes, esperando con ansiedad en sus ojos. Todo el enfado que tenía con él terminó de desaparecer, y casi corrí a sus brazos, necesitaba estar entre ellos para sentirme bien. Al llegar a él me apretó contra su pecho, y yo le tranquilicé con el diagnóstico de su padre adoptivo. Buscó mis labios para besarlos, y mientras yo le susurraba un “Ya te dije que no era nada”, él me susurró un “Te quiero”.

Nos despedimos del doctor Cullen mientras éste ejercía de padre, pidiéndole a su hijo que no me llevara muy tarde a casa, y que no se entretuviera en el camino. Decididamente este hombre me gustó mucho.

De vuelta a Seattle me llevó directa a casa, y como en el piso no había nadie decidió no irse sin dejarme en la cama. Me hizo un vaso de leche con cola-cao para tomarme uno de los analgésicos que me dio el doctor, y sentado al borde de mi cama hizo que me lo tomara. Con delicadeza cogió mi mano y la besó. Su frío aliento me alivió momentáneamente.

-Bueno cari, te dejo que descanses, órdenes del doctor. Mañana vendré a ver cómo sigues, y si te encuentras con fuerzas para ir a la facultad, yo te llevaré.
-De acuerdo Edd.

Me dio uno de sus apasionados besos, y sin dejarse enredar por mí, que hice todo lo posible (solo me faltó meterlo en la cama y empezar a quitarle la ropa), se despidió. No sé si por el efecto del analgésico, o por el cola-cao, o por lo tarde que era, caí en los brazos de Morfeo segundos después, hasta que sonó el despertador anunciando un nuevo día que pasar junto a él.

3 comentarios:

aras dijo...

me ha encantado el capitulo estuvo gua besos

aras dijo...

me ha encantado el capitulo estuvo gua besos

LuZ dijo...

Muchas gracias por tus palabras Aras, no sabes lo que significa para una aficionada a las letras que alguien le diga esto.
Que tengas una buena semana, y el miércoles te espero por aaqui con el capi 24!!