Seguidores

4/4/12

Murcia-Málaga-Promesas olvidadas-Murcia

Con mi maleta en la mano, la cámara de fotos digital en el bolsillo de la chaqueta, y una pequeña mochila con un libro, medio litro de agua, un zumo y dos bocatas (uno de lomo y otro de salami); el pasado 13 de marzo a las siete de la mañana salí de mi casa con destino a Málaga.

Era la primera vez ( y no será la única) que viajaba sola, tan lejos de mi sitio. Con más nervios que otra cosa, bajé en la estación de autobuses de Murcia, y tomando asiento en uno de los bancos con la maleta siempre a la vista, esperé a ese eurobus que me dejaría horas más tarde en mi destino: Málaga city.
El primer problema vino cuando tuve la imperiosa necesidad de ir al aseo, y con lo pequeños que son no podía entrar en ellos con la maleta. No me quedó más remedio que tomar al asalto el aseo para minusválidos. Esa es una de las grandes desventajas de viajar sola, no tienes a nadie de confianza que te vigile el equipaje.

El viaje fue mejor de lo que esperaba. No llevé compañero/a en el asiento de al lado, y eso es de agradecer, pues en el de vuelta no tuve la misma suerte.

Una vez que puse los pies en tierras malagueñas y rescaté mi maleta del bus, respiré profundamente la brisa marinera que, en la capital de la Costa del Sol, me daba la bienvenida. Ya estaba allí, a no sé cuántos cientos de km de mi casa, sola, libre. En una ciudad que no conocía, pero que había estudiado al milímetro a través del Google Maps. Y casi como por arte de magia, cargué mi maleta y tranquilamente me dirigí a mi hotel, moviéndome por aquellas tranquilas calles como si las conociera de toda la vida. Fue así también como llegué con soltura y confianza hasta la calle Calatrava, que era allí donde Iris Martinaya hacía su presentación pocas horas más tarde.
Pero volvamos al hotel, donde me he sentido muy a gusto. En una zona cercana a todo... menos a la casa de Iris. Un hotelito de dos estrellas, pero que a mí me encantó, barato, buena presencia y buena gente, y sobre todo wifi gratis (hay en esa maravillosa ciudad uno con gufi, ya sabemos qué fue del perro de Mikey,... está trabajando en un hotel de Málaga,...)


El encuentro con Iris (Eva) en la misma puerta de la Biblioteca, fue algo inolvidable. Como dos viejas amigas que hace la tira de años que no se ven. A pesar de que no nos conocíamos en persona, y por teléfono habíamos hablado la primera vez unas pocas horas antes; la calidez humana que desprende lo hizo todo la mar de natural. Me presentó a buena parte de su gran familia, entre ellos sus dos soles, Myriam y Juan; y amigas blogueras de allí. Ya con la hora justita, nos metimos dentro para empezar la presentación.



Fue sencillita, cortita, pero muy entrañable. Una de las anécdotas de la tarde fue con el boli con el que estuvo firmando los libros. Iris llevaba un bolsito muy mono... con unos tres bolígrafos mínimo dentro, que hasta se compró uno especial para ese momentazo. Pues justo cuando terminó de firmar, miró el boli y extrañada, empezó a preguntar, casi gritando a pleno pulmón, ¿De quién es este boli? ¡Este no es mi boli! (pronúnciese con el desenfadado y genuino acento malagueño que Eva domina a la perfección)... uno de sus hermanos se lo había prestado, y ella con el ímpetu del momento sencillamente lo cogió, y se puso a la faena con él.


 Le hice unas cuantas fotos que luego le pasé a ella. Y cuando todo terminó, me despedí de los Anaya, llevando en mi poder tres ejemplares de la estupenda novela que acababa de ver salir a la luz. Por las mismas calles que reconocía del Google Maps, desandé el camino guiando mis pasos hacia el hotel en la calle Canales, con la firme decisión de descansar, que falta me hacía.

Fue un día muy largo para mí, pero desde luego que mereció la pena.

El día siguiente fue también muy intenso, pues tuve el placer de compartirlo con Iris en un día cotidiano para ella. Guardaré este día como uno de los mejores en mi vida. Y sus recuerdos, permitidme que se queden para mí, así como las escasas fotos que nos hicimos juntas. Ya sabéis lo recelosa que soy con mi vida y los motivos que tengo para ello. Lo que sí os dejo es esta foto que le saqué a Eva con su hija Myriam, y los dos yorkys, los dueños y señores de su hogar, que campan a sus anchas por toda la casa, incluida mi chaqueta,...




 La verdad es que poco turismo pude hacer por la ciudad, pero sí sacamos algo de tiempo para pasear por el centro, y llegar hasta la catedral.

El tercer día, volvimos a reunirnos ya para la despedida, pues mi bus salía a la una de la tarde hacia Murcia. A pesar de todas las horas que compartimos, que hablamos, que reimos, que... en fin, que vivimos; nos quedaron muchas cosas por decir y comentar. Y como toda despedida, pues con un fuerte abrazo y algo de pena, me fui de Málaga con una de las mejores experiencias de mi vida. Y con la firme intención de volver algún día a pasear despreocupadamente y en buena compañía por sus calles, entre sus gentes, y con el corazón henchido de nuevas sensaciones.

Gracias, Eva, por dedicarme esas horas, y te advierto que la próxima vez que mi 44 se pose sobre tierras malagueñas, no te escapas del museo de Carmen Thyssen, la casa de Picasso, o el teatro romano.

Por cierto, en los próximos días os dejaré mi opinión sobre la novela, Promesas olvidadas. A quien le interese, le advierto que no la deje pasar, pues es..... ya lo veréis.

3 comentarios:

D. C. López dijo...

¡Oh, no sabes niña cuánta invidia sana siento ahora mismo!, ¡lo que hubiera dado yo por estar con vostras!, snif, snif.

Ojalá que algún día nuestra querida Iris venga a Murcia a realizar una presentación, fijo que voy llueve o truene, jejeje. Y como no, para entonces, espero encontrarme contigo también >.<

Bueno bella, me alegra que lo pasaras muy bien y que tengas un grato recuerdo de esta experiencia... Espero k vengan muchas más! >.<

Saludos preciosa y feliz día!, muak!

Citu dijo...

Uy genial que hayas conocido a Iris y la experiencia se ve genial te mando un beso y cuídate nena

Fernando Rubio Pérez dijo...

Qué decir...? Prefiero el bocata de lomo. ¿Malaga? Bonita ciudad. Bueno, vale, también que siento envidia -supongo que sana- cuando veo que algún colega ya firma ejemplares. Bueno, más que envidia, que me pesa la conciencia por mi holgazanería, :). Ah, y que me alegra que lo pasarás bien. Por cierto, está estupendamente narrado, bien, bien. Besos.